Saber perder. David Trueba
David Trueba ha nacido con estrella. Antes de sus 40 años ya es actor, director de cine y guionista de prestigio, novelista reconocido y periodista ampliamente difundido. La facilidad y aparente sencillez con la que se mueve enntre los mundos cinematográfico, literario y periodístico le hace una persona especial, un representante de la actividad cultural del siglo XXI, una figura arrolladora que parece hacer bien todo lo que abarca. Solo cabe preguntarse si su familia tiene algo que ver en todo esto, si las puertas que aparecen cerradas para la mayoría han sido abiertas fácilmente con llamadas o amistadas.Cabe pensar también si es posible abstraerse lo suficiente de tan ajetreada vida y de tal conexión con la realidad para escribir una novela con enjundia. También me resulta difícil abstraerme de lo que sé de la vida de Trueba para leer la novela de forma objetiva y sin prejuicios. Podría afirma sin tapujos ahora que se trata de una obra sólida en confección y factura. Ya podrán suponer que hay un pero.
Un puñado de personajes, sin nada más excepcional que haber sido elegidos por el autor, forman el entramado de una historia que son en realidad tres historias principales independientes. Sylvia, una chica adolescente un poco inadaptada que vive con su padre divorciado, Lorenzo. Leandro, el padre de Lorenzo, que vive un tórrido episodio sexual con una prostituta que le lleva a la ruina. Y Leandro, un fracasado en los negocios y el trabajo que comete un crimen. Tras ellos, varios personajes que les traen el amor, la amistad, la pasión, la fortuna o la desgracia, ya estuvieran o no buscándolos. Todas las historias acaban en separación, haciendo de la novela una triste pieza de la sociedad contemporánea.
El que estas personas sean parientes no hace nada más que parecer una coincidencia, porque estas historias apenas se tocan o se relacionan, de forma que constituyen en realidad tres novelas independientes, con muy pocos puntos en contacto. Esto lleva a una falta de solidez argumental, a pesar de que el tema del fracaso y la soledad recurrentes sirvan de hilo conector entre las historias.
También se nota en la novela cierta prisa por aportar datos sobre los personajes en los primeros capítulos. En esto me recuerdo a un guión de cine, donde se pone en situación a los personajes con un resumen de su vida. La tercera persona omnipresente elegida para la narración le da una dureza que posiblemente sea la característica más llamativa del libro. Esa voz omnipresente es capaz de describir acciones que les costaría admitir a los personajes el haberlas realizado, incluso ante ellos mismos. Desgraciadamente, eso hace distanciarnos de los personajes, y verlos como en una película, no como en una novela, donde podríamos con una apropiada narrativa ponernos en la mente de Sylvia o de Lorenzo. También hay algunos personajes secundarios que se comportan de forma extraña, sin explicación aparente, puesto que el autor no profundiza en sus motivos y apenas da pistas para ello, contrastando con el a veces excesivo detalle de la descripción de las acciones y pensamientos de los protagonistas. Quizá haya demasiados secundarios, lo que me recuerda otra vez a una película.
No por todo eso me ha parecido una novela poco digna o sin merecimiento, y es que el resultado global es satisfactorio. En el argumento se produce una curiosa combinación interesante de temas universales y de asuntos propios de la sociedad española actual, consituyendo una obra reflexiva que nos da mucho para pensar. No es una historia fácil ni agradable, y aunque haya algunos tópicos demasiado obvios (la madre divorciada y el futbolista argentino, entre otros) los podemos figurar como paradigmas o símbolos, más cerca de la metáfora que de la realidad. Los cabos sueltos que deja la novela quedan, en cierta medida, pendientes para los personajes y para nosotros mismos. Como la vida.

1 comentarios:
SABER PERDER
De la primera novela de David Trueba me llamó la atención el estilo ágil y fresco, la rapidez cinematográfica y la imaginación. Me desagradó el humor macabro, las groserías, lo morboso de algunas situaciones, la ridiculización de la religión y el excesivo peso de las cuestiones sexuales.
La segunda la dejé pasar pues leí que estaba centrada en las correrías sexuales de los protagonistas.
La tercera la he leído hasta la mitad. Tres generaciones de una familia:
- La abuela muriéndose de cáncer. El abuelo -un pianista frustrado- engañándola mientras tanto con una prostituta negra.
- El hijo, abandonado por su mujer, acaba de asesinar a un antiguo socio. Se enamora de una colombiana sin papeles y no para hasta que la lleva al huerto.
- La nieta de 16 años está obsesionada por perder la virginidad. Busca sexo con un compañero al que no quiere y luego se lía con un futbolista argentino.
Todos son patéticos y sufridores. Quieren arreglar sus vidas con el placer y no logran arreglar nada. Trueba insiste en explicar con detalle cada encuentro íntimo y, por si alguien no se ha enterado de cómo funciona, vuelve a explayarse en el siguiente. Los personajes no son malas personas, es sólo que su horizonte moral puede describirse en la mitad de una octavilla.
La novela se lee bien porque, a pesar de todo, quieres saber qué pasa a los personajes. El estilo es de frases breves y cortas, visual, con diálogos creíbles y destellos de ingenio. Tiene bastante gracia a veces y muchos detalles circunstanciales son reales y cercanos.
Desisto porque quedan trescientas páginas y esto no me aporta nada ni me entretiene.
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