Las novelas históricas de Pamuk
Vamos a ser un poco sinceros. La novela histórica es un sólido género literario que siempre ha estado de moda. Decir que algo ha estado siempre de moda es una de esas paradojas linguísticas, como las de los griegos antiguos, es como enunciar que los linarenses somos siempre unos mentirosos. Quiero decir que si algo ha estado siempre de moda, es que nunca ha estado de moda, por definición. Tampoco se puede ser un poco sincero, como tampoco se vuelve a revivir el pasado. O se vuelve a vivir, o se revive.
Mirar hacia un pasado es algo también relativo. Como sabemos, el tiempo pasa, y toda novela pasa entonces a ser histórica, es decir, a tratar un tiempo pasado. Excepto algunas novelas de ciencia ficción, que no sabemos si llegarán a ser históricas alguna vez. Pero creo que me estoy yendo por las ramas de la historia. ¿Qué es entonces una novela histórica? Podemos decir que es la que intenta reflejar de manera verosímil una época pasada, lejana en el tiempo. Adolece esta definición de indefinición, como toda definición que se precie, que al ser enunciada deja fuera muchos de sus componentes. Obviamente, una novela de la época del imperio romano es histórica, pero ¿lo es una novela basada en el golpe de estado de Tejero? ¿Y una novela basada en lo que pasó ayer?
Nos estamos complicando mucho la vida, creo yo, con esto de la novela. Me la estoy complicando yo, ustedes lectores menos. Para mí una novela histórica es la que describe algún hecho histórico, algo realmente cierto, en su trama, pero con una gran parte de ficción. Los Episodios Nacionales de Galdós sería el paradigma del género, también considero un maestro del genero a Robert Graves, uno de mis escritores favoritos en este complicado asunto de mezclar historia y novela, es decir, hechos reales comprobados y ficción. Pero para ser considerados parte de la Historia, los hechos reales descritos no pueden ser cualesquiera, sino tener suficiente relevancia para haber sido incluidos en los tratados y ensayos de los eruditos.
Dicho todo esto, hay novelas que pueden considerarse históricas, porque se localizan en un pasado, pero que para mí no lo son en absoluto. El asombroso viaje de Pomponio Flato es una de ellas, porque no hace del asunto histórico más que un decorado donde la trama, la parte fundamental de la novela, discurre con más o menos acierto. Los son también dos novelas de Orhan Pamuk, Me llamo Rojo y El castillo blanco.
¿Por qué escribe Pamuk estas novelas del pasado? Obviamente, preguntarse esto es una perogrullada. Cada autor escribe lo que cree conveniente, y eso es una prerrogativa suya. El mismo Pamuk, en el epílogo de El castillo Blanco, afirma no saber por qué lo hace, aunque la crítica haya opinado que es para evadirse de los problemas de la sociedad turca actual. No lo creo, sobre todo tras la publicación de Nieve. Sin embargo, para que una novela histórica parezca convincente, los autores suelen recurrir a un proceso de documentación más o menos extenso, con la finalidad de instruirse y aprender de la vida cotidiana de esa época, o al menos de la vida que podrían llevar sus personajes en un tiempo pasado, donde la sociedad puede estar establecida de una forma muy diferente. Escribir una novela histórica requiere un duro trabajo extraliterario, tener acceso a un extenso fondo bibliográfico, y dedicar horas al más mínimo detalle. A veces este trabajo se vuelve tan absorbente que las labores del novelista, la de crear un mundo de ficción, se ven sobrepasadas por las meticulosidad histórica necesaria para dar verosimilitud al relato. No es extraño, pues, que escribir novelas históricas se vuelva la especialidad de algunos escritores, y que otros exploten la época que tratan sus novelas en series o sagas que amortizan este trabajo previo.
Pamuk elige el Imperio Otomano del siglo XVI para situar estas dos novelas, pero son realmente diferentes en contenido y propósitos. El castillo blanco aprovecha la relación entre un esclavo y su amo, algo que obviamente sólo puede disponer en el pasado, para recrearnos con el tema literario del doble, casi un género propio de por sí. La situación entre los dos protagonistas, amo y siervo, parece invertirse a lo largo de la novela, y la contraposición no sólo abarca el carácter de los personajes, sino las dos culturas, oriental y occidental, que representan. El libro, aunque breve, es extremadamente denso, se presenta en la forma de carta o documento encontrado por un habitual de los libros de Pamuk. Rozando a veces la metafísica, Pamuk indaga en la individualidad y en los sentimientos humanos del yo y del super-yo, de forma casi psicoanalítica. Imagino la gran dificultad del traductor, Rafael Carpintero, en trasnferir la línea de pensamiento del supuesto autor del manuscrito al español. La tercera novela de Pamuk, fue la primera traducida al inglés y pieza fundamental en su reconocimiento internacional. En español apareció en 1994 con el nombre El sultán y el astrónomo, eliminando de cuajo la simbología del título, que solo se revela al final de la novela. Gracias a los editores, ha vuelto a imprimirse en 2001 con un título más acorde con el original.
Me llamo Rojo es otra obra maestra de Pamuk, y le catapultó literalmente al Nobel. Cada capítulo está narrado en primera persona por un personaje distinto, que puede ser tan variado como una moneda, una cabeza de caballo pintada, o el color rojo, del que toma el título la novela. La historia se basa en la vida del conjunto de ilustradores miniaturistas al servicio del sultán, que iluminan los libros islámicos de forma tradicional. Un encargo sacrílego induce al asesinato de un maestro ilustrador, y ya desde el primer capítulo sabemos que el criminal debe ser uno de los tres ilustradores más importantes del taller. El misterio, uno de los recursos menos interesantes del libro, sirve de hilo argumental a la novela y solo se desvela al final. Pero ese hilo es débil y poco visible. A lo largo de las numerosas páginas del libro, encontramos historias de amor, la concepción del arte de los musulmanes, el origen de extremismo religioso, cuestiones filosóficas, y, cómo no, el contraste entre oriente y occidente en la estructura de la sociedad en general, y en este caso, en el arte en particular.
La visión poliédrica de los hechos por los diferentes narradores es una herramienta que Pamuk utiliza hábilmente para describirnos la forma de pensar de los musulmanes, de los hombres y mujeres de Estambul del siglo XVI, de su concepción de la religión, de la vida y del arte. Los hechos violentos que acompañan el libro son, en mi opinión, una metáfora de los sucesos actuales de la sociedad turca, y destierran la idea de evasión de la realidad que esta novela pueda suponer.
Dos novelas, digamos históricas, pero originalísimas y verdaderas, para regocijarse en la lectura. Que les aproveche.
Mirar hacia un pasado es algo también relativo. Como sabemos, el tiempo pasa, y toda novela pasa entonces a ser histórica, es decir, a tratar un tiempo pasado. Excepto algunas novelas de ciencia ficción, que no sabemos si llegarán a ser históricas alguna vez. Pero creo que me estoy yendo por las ramas de la historia. ¿Qué es entonces una novela histórica? Podemos decir que es la que intenta reflejar de manera verosímil una época pasada, lejana en el tiempo. Adolece esta definición de indefinición, como toda definición que se precie, que al ser enunciada deja fuera muchos de sus componentes. Obviamente, una novela de la época del imperio romano es histórica, pero ¿lo es una novela basada en el golpe de estado de Tejero? ¿Y una novela basada en lo que pasó ayer?
Nos estamos complicando mucho la vida, creo yo, con esto de la novela. Me la estoy complicando yo, ustedes lectores menos. Para mí una novela histórica es la que describe algún hecho histórico, algo realmente cierto, en su trama, pero con una gran parte de ficción. Los Episodios Nacionales de Galdós sería el paradigma del género, también considero un maestro del genero a Robert Graves, uno de mis escritores favoritos en este complicado asunto de mezclar historia y novela, es decir, hechos reales comprobados y ficción. Pero para ser considerados parte de la Historia, los hechos reales descritos no pueden ser cualesquiera, sino tener suficiente relevancia para haber sido incluidos en los tratados y ensayos de los eruditos.
Dicho todo esto, hay novelas que pueden considerarse históricas, porque se localizan en un pasado, pero que para mí no lo son en absoluto. El asombroso viaje de Pomponio Flato es una de ellas, porque no hace del asunto histórico más que un decorado donde la trama, la parte fundamental de la novela, discurre con más o menos acierto. Los son también dos novelas de Orhan Pamuk, Me llamo Rojo y El castillo blanco.
¿Por qué escribe Pamuk estas novelas del pasado? Obviamente, preguntarse esto es una perogrullada. Cada autor escribe lo que cree conveniente, y eso es una prerrogativa suya. El mismo Pamuk, en el epílogo de El castillo Blanco, afirma no saber por qué lo hace, aunque la crítica haya opinado que es para evadirse de los problemas de la sociedad turca actual. No lo creo, sobre todo tras la publicación de Nieve. Sin embargo, para que una novela histórica parezca convincente, los autores suelen recurrir a un proceso de documentación más o menos extenso, con la finalidad de instruirse y aprender de la vida cotidiana de esa época, o al menos de la vida que podrían llevar sus personajes en un tiempo pasado, donde la sociedad puede estar establecida de una forma muy diferente. Escribir una novela histórica requiere un duro trabajo extraliterario, tener acceso a un extenso fondo bibliográfico, y dedicar horas al más mínimo detalle. A veces este trabajo se vuelve tan absorbente que las labores del novelista, la de crear un mundo de ficción, se ven sobrepasadas por las meticulosidad histórica necesaria para dar verosimilitud al relato. No es extraño, pues, que escribir novelas históricas se vuelva la especialidad de algunos escritores, y que otros exploten la época que tratan sus novelas en series o sagas que amortizan este trabajo previo.
Pamuk elige el Imperio Otomano del siglo XVI para situar estas dos novelas, pero son realmente diferentes en contenido y propósitos. El castillo blanco aprovecha la relación entre un esclavo y su amo, algo que obviamente sólo puede disponer en el pasado, para recrearnos con el tema literario del doble, casi un género propio de por sí. La situación entre los dos protagonistas, amo y siervo, parece invertirse a lo largo de la novela, y la contraposición no sólo abarca el carácter de los personajes, sino las dos culturas, oriental y occidental, que representan. El libro, aunque breve, es extremadamente denso, se presenta en la forma de carta o documento encontrado por un habitual de los libros de Pamuk. Rozando a veces la metafísica, Pamuk indaga en la individualidad y en los sentimientos humanos del yo y del super-yo, de forma casi psicoanalítica. Imagino la gran dificultad del traductor, Rafael Carpintero, en trasnferir la línea de pensamiento del supuesto autor del manuscrito al español. La tercera novela de Pamuk, fue la primera traducida al inglés y pieza fundamental en su reconocimiento internacional. En español apareció en 1994 con el nombre El sultán y el astrónomo, eliminando de cuajo la simbología del título, que solo se revela al final de la novela. Gracias a los editores, ha vuelto a imprimirse en 2001 con un título más acorde con el original.
Me llamo Rojo es otra obra maestra de Pamuk, y le catapultó literalmente al Nobel. Cada capítulo está narrado en primera persona por un personaje distinto, que puede ser tan variado como una moneda, una cabeza de caballo pintada, o el color rojo, del que toma el título la novela. La historia se basa en la vida del conjunto de ilustradores miniaturistas al servicio del sultán, que iluminan los libros islámicos de forma tradicional. Un encargo sacrílego induce al asesinato de un maestro ilustrador, y ya desde el primer capítulo sabemos que el criminal debe ser uno de los tres ilustradores más importantes del taller. El misterio, uno de los recursos menos interesantes del libro, sirve de hilo argumental a la novela y solo se desvela al final. Pero ese hilo es débil y poco visible. A lo largo de las numerosas páginas del libro, encontramos historias de amor, la concepción del arte de los musulmanes, el origen de extremismo religioso, cuestiones filosóficas, y, cómo no, el contraste entre oriente y occidente en la estructura de la sociedad en general, y en este caso, en el arte en particular.
La visión poliédrica de los hechos por los diferentes narradores es una herramienta que Pamuk utiliza hábilmente para describirnos la forma de pensar de los musulmanes, de los hombres y mujeres de Estambul del siglo XVI, de su concepción de la religión, de la vida y del arte. Los hechos violentos que acompañan el libro son, en mi opinión, una metáfora de los sucesos actuales de la sociedad turca, y destierran la idea de evasión de la realidad que esta novela pueda suponer.
Dos novelas, digamos históricas, pero originalísimas y verdaderas, para regocijarse en la lectura. Que les aproveche.


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