Kafka en la orilla. Haruki Murakami.
Cuando accedo a un autor por primera vez siempre voy con algo de prevención. Uno entra en un universo narrativo desconocido, en un estilo propio del que no se tienen referencias, sobre todo si la obra que se lee no es la primera que escribe ni publica el autor. Antes de todo eso, el motivo de elección del libro suele ser una crítica o una opinión leída principalmente en la prensa cultural. Este hecho, que realizo a menudo, es quizá lo más arriesgado que en mi sobrellevada vida suelo realizar, sin contar con los peligrosos desplazamientos en automóvil que, a pesar del control de infracciones, son una de las principales causas de fallecimiento en España.Haruki Murakami es el último de estas nuevas adquisiciones, y Kafka en la orilla la primera obra que leo. Y aún así, tras las numerosas páginas ansiosamente devoradas, no sé muy bien qué pensar de la novela. Posiblemente haya quedado más estupefacto que otra cosa, porque efectivamente la novela contiene cierto poder absorbente e intrigante. Su desarrollo a través de dos argumentos paralelos que confluyen de cierta forma al final, no es original ni especial. Son los personajes, las situaciones, los diálogos interiores de los personajes principales lo que desconciertan al lector bisoño. Uno no deja de preguntarse qué tendrán en común estos dos personajes tan dispares, un adolescente de quince años que abandona el hogar que comparte con su padre, y una especie de ancioano retrasado, un discapacitado mental con extraños poderes de comunicación con los gatos. Los capítulos del adolescente se desarrollan en primera persona, y los del anciano en tercera.
Conforme avanzamos en la novela, se insertan documentos, informes, de ejército americano de ocupación, sobre un extraño suceso acaecido durante la segunda guerra mundial. Desde el principio, suponemos pues que este suceso, y la información aportada por los documentos, va a ser el punto de reunión de ambos hilos conductores. Y si la magia, o los fenómenos inexplicables, podemos suponerlos en la mente del incapacitado, veremos que poco a poco van invadiendo la realidad, es decir, van salpicando otros personajes nada sospechosos de tener problemas psiquiátricos. Mientras el joven huye de su ciudad natal, buscando refugio, un trabajo y amistad, aparecen el resto de personajes que van a cerrar el argumento, pero de una forma tan amplia que prácticamente el final es abierto, sugerido, y cada lector sacará su propia conclusión sobre la interpretación de los sucesos finales y su relación con las dos historias. Las voces narrativas se pierden, la primera y tercera persona se mezclan y confunden, e incluso aparecen personajes "concepto" que vienen a dejar claro que son una metáfora, una construcción que el autor no ha querido revelar. Y que pretende que nosotros entendamos, pero sin dar apenas pistas.
El libro, publicado originalmente en japonés en 2002, abrió tantas incógnitas y expectativas que la editorial y el autor abrieron una página web donde los lectores podían opinar libremente sobre la novela y su significado. Recibió más de 8000 preguntas sobre el libro, de las que respondió aproximadamente 1800. Murakami ha recomendado leer el libro varias veces para comprender completamente su significado, escondido en una metáfora, o mejor dicho, en una colección de adivinanzas. La literatura de Murakami ha sido clasificada como fantástica, aunque personalmente no lo crea así. Es la versión japonesa del realismo mágico hispanoamericano, pero con una transcendencia tras esa fantasía, donde las cosas no suceden porque sí, sino que lo hacen con una razón oculta que tenemos que desvelar, vislumbrar o imaginar.
Así pues este libro trata de muchas cosas a la vez, en una sinfonía de temas que a veces llega a marear. Una sinfonía discordante, donde se trata el poder de la música para cambiar las personas, el sintoísmo, las consecuencias de la segunda guerra mundial en el Japón actual, la búsqueda adolescente del yo, el destino, el concepto trágico de Edipo, la incidencia de la cultura pop y de los iconos comerciales y mediáticos... el mismo Murakami no quiere oir hablar de simbolismo, no se trata de eso, sino de metáforas y símiles. El personaje que da el título al libro, Kafka Kamura, nos enlaza con la cultura europea y con uno de los autores preferidos de Murakami. También la música de Beethoven, en concreto el cuarteto del Archiduque, parece tener un papel importante en la solución de los enigmas, de los que ellos mismos forma parte de su resolución.
A pesar de todo este embrollo temático y con el suspense que produce saber cómo se van a relacionar los sucesos más dramáticos del libro, la sensación tras haberlo leído es de una obra muy bien hilada y construida, donde nada se ha dejado al azar. Y el efecto es el de una novela sólida y poderosa, que deja una agradable sensación tras haberla acabado. Pero podría sospecharse que Murakami, considerado por algunos literatos japonenes como "autor pop", puede estar haciendo estas construcciones por esnobismo, por apuntarse a la cultura del new-age trascendente, sensual y oriental.
Si no fuera porque hay elementos que me recuerdan demasiado a la holística y a la jerga espiritualista de finales del siglo XX, sería una obra original e imaginativa. Por ejemplo, hace poco leí que una de las características de su literatura es que los lectores siempre encuentran en sus libros alguien con quien identificarse. Personalmente no ha sido mi caso, pero entiendo que sembrando la novela de individuos perdidos que van a la busca de algo, o que están esperando algo, y que se sienten todos ellos especiales, diferentes o malditos por una profecía, haya lectores que se identifiquen con ellos. En esta novela hay hasta un personaje de sexo y sexualidad poco definidos. Bonita historia esto de la identificación, que tendremos que exponer con más tiempo en otra entrada de este blog, pero que quizá le de un tono un poco artificioso en algunas partes.
Murakami ha sorprendido a los lectores de una novela anterior de gran éxito, Norwegian wood, por este mundo mágico y esotérico de sus libros. Norwegian wood es su única novela realista, y quizá debido a la desordenada cronología de publicación de sus libros en occidente, es difícil recomponer su universo literario. Poco a poco sus obras van publicándose en español, y podremos comprobar si su viaje narrativo tiene un sentido menos metafórico que sus novelas. Por el momento, ha despertado mi curiosidad y ya he adquirido Sputnik, mi amor. No me digan que el título no es intrigante...

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