Mi familia y otros animales
A Félix Romeo.
La sabiduría popular se equivoca frecuentemente, de eso no hay duda. Miles de dichos, diretes y rumores viajan entre generaciones para transmitirnos unos conocimientos arcanos y profundos que ningún científico ha logrado demostrar nunca. Uno de esos grandes conocimientos misteriosos son los que se basan en la herencia familiar. Todos hemos heredado algo de nuestros ancestros, pero curiosamente lo que más nos interesa no tiene nada que ver con las estrictas leyes de Mendel, sino con conexiones más o menos sobrenaturales que deben estar en los genes. Por ejemplo, esos hermanos gemelos que coinciden en gustos, sentimientos y emociones a pesar de vivir en distantes puntos del globo terráqueo. Como si las cartas, el teléfono o la educación común no sirvieran para nada.
Así se ha querido defender la herencia de la capacidad de ser compositor en la familia de Bach, que consta con más de 120 músicos y media docena de grandes compositores, siendo Johann Sebastian el más famoso y prolífico de ellos. O incluso ciertos estudios realizados por los genéticos de medio pelo de las peligrosas sociedades eugenésicas de principios del siglo XX en Estados Unidos, que mostraban claramente la herencia de la afición a la carpintería. Como si vivir en un ambiente donde la música, o el serrucho, estaba presenten contínuamente no influyera en nada.
El péndulo del determinismo, alejado del pensamiento en la segunda mitad del siglo XX merced a los ideales de pureza de raza que llevaron a Hitler a programar un exterminio, vuelve de la mano de la genómica y de la genética molecular para hallar "el gen" de todo, como si componer las maravillosas sonatas para violonchelo fuera tan fácil como heredar ciertos trozos de cromosomas de nuestros padres. Alojado en la sabiduría popular modernilla y pseudocientífica, estamos hartos de oir hablar de la gran cantidad de genes que existen en las familias actuales responsables de las mayores memeces que uno pueda imaginar: gusto por el dulce, por el color rojo o la adversión a las ratas. ¿Nadie ha caído en el idioma? Toda mi familia habla español, ¿será eso prueba de la existencia de un gen del español en mi árbol genealógico?
Traigo todas estas reflexiones hoy porque hace poco se ha cumplido el aniversario de la muerte de Gerald Durrell, autor de más de treinta libros dedicados a los animales, o más o menos relacionados con ellos. Durrell fue un naturalista de los de antes, ajeno a los modernos movimientos de sensibilización ecologista que últimamente se han revestido de religión verdadera. Dedicó la mayor parte de su vida a recolectar animales en peligro de extinción para (sí, no lo van a creer) encerrarlos en un zoo. Esto es un pecado mortal para los defensores de los animales de hoy, empeñados en pretensiones estúpidas como intentar que a los grandes simios les sea reconocida la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU. Ya me dirán que va a hacer un cimpancé con el derecho a un trabajo justamente remunerado...
Casi todos sus libros fueron imparables éxitos de ventas que les permitieron financiar sus expediciones y su zoológico, establecido en la isla de Jersey, y crear una fundación que lo mantenga. Al principio fue reticiente a realizar este tipo de labores, pero su hermano Larry (conocido novelista) y su mujer Jacqueline le convencieron para que transmitiera sus experiencias alrededor del mundo en esos breves volúmenes plagados del humor, aventuras y múltiples vicisitudes que pueden surgir en una expedición de captura de animales. Desde cómo cazarlos, alimentarlos y transportarlos hasta Inglaterra, hasta los tratos y pactos con los indígenas y lugareños para hacerse con los más difíciles especímenes.
"Mi familia y otros animales" es quizá su libro más conocido, una de esas joyas que todo aficionado a los bichos debe leer. En éste, y en sus dos secuelas, describe sus años de infancia en la isla griega de Corfú, donde llevó una vida increíble junto con el resto de su familia. Su madre (que le pide a Durrell que haga constar que es viuda, "nunca se sabe lo que la gente puede pensar") dirige la familia como solo una inglesa lo puede hacer: con una indolencia y flema envidiable. Esta señora no se inmuta por la llegada de un gavión (una especie de gaviota con una envergadura de 70 cm) o de multitud de bichos, sabandijas y demás animales que Gerry no para de traer a casa. Pero la actitud con su hijo menor no es en absoluto especial, si pensamos en que el hecho de que Larry invitara a unos amigos ("siete u ocho") fue la causa de que se mudaran a una villa más amplia. Amigos intelectuales y pelmas, además, que se empeñan en hablar con su madre como si entendiera de poesía o de letras, y que Gerry deja a la altura del betún de una forma un poco despiadada.
Larry, a pesar de ser un hermano querido por Gerald, no sale bien parado en sus libros, y una y otra vez lo tilda de afectado, vago y sobre todo, insoportablemente snob. Si eso era a los veinte años, cómo podríamos imaginar que sería ya maduro y con los laureles del éxito. Esta familia, tan atípica pero igualmente tan inglesa, es en realidad una fuente inagotable de sucesos y anécdotas que nos cuenta cómo una educación liberal, más bien libertaria, forja unos caracteres envidiables, como los de estos dos hermanos. Si hay algo que caracteriza a los ingleses es la capacidad que tiene de establecerse en cualquier lugar del mundo, sin echar de menos su patria. Posiblemente porque no merece la pena echar de menos un tiempo de "gatos y perros" y una gastronomía mayormente indigesta, por decir algo educado. Una particular visión del mundo y del hogar, que ha hecho de estos dos hermanos unos viajeros incansables y merecedores del reconocimiento universal.
Así pues, podríamos decir la estupidez que el gen de la literatura estaba en ambos hermanos... pero no sabemos si Larry tuvo alguna vez un periquito, tortuga u orangután, o si los demás hermanos se dedicaron a escribir algún tipo de libro. Uno hubiera querido tener una infancia como la de los Durrell, con una casa caótica y divertida, con cientos de cosas por hacer en una isla maravillosa llena de todo tipo de animales. Quizá tuviera algo más que ver en la forja de su carácter que el famoso gen de la literatura.
Espero que haya adivinado la identidad de Larry... ya hay demasiadas pistas.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada