Obras completas
Hasta hace poco, no residía en mi biblioteca ninguna colección completa de todos los escritos de ningún autor. No había considerado imprescindible coleccionar los libros y publicaciones de ninguno de mis escritores preferidos, probablemente por ser una labor difícil y en algunos casos imposible. Mi amigo José Luis me ha demostrado que hay casos flagrantes de incompletas "Obras completas", como las que de Borges publicó Emecé en los años noventa: cientos de páginas escritas por él no han sido incluidas en esa edición, quizá porque se escabulleron del editor poco avispado, o porque la ingente actividad creadora de Don Jorge lo evitó.
Es muy difícil recomponer toda la literatura de un escritor, sobre todo si es sin su colaboración. Ya me imagino a Borges engañando sobre sus publicaciones, entrando en el precioso juego que le gustaba, el de la impostura y la falsificación. Aún con la colaboración del escritor, si éste no es ordenado y no mantiene un archivo correctamente clasificado, es fácil que se pierda algún escrito, carta, artículo o relato durante el proceso de recolección. Los más meticulosos escritores, aquéllos que incluso hacían copias de la correspondencia enviada, pueden extraviar un pequeño fragmento de su obra a lo largo los años y de las vicisitudes. Todavía me impresiona saber que Thomas Jefferson, el tercer presidente de los Estados Unidos de América, realizaba copia de todas las cartas que enviaba empleando un polígrafo. Eso sí es simplificar el trabajo de los editores.
Editar obras completas se acerca entonces a una misión imposible, labor titánica y sin fin. Como Sísifo con su interminable trabajo, los editores buscan y rebuscan en los archivos de los escritores, sus amigos y familiares, peleando con los derechos de autor de los diferentes países donde se ha publicado su obra, y como todo tiene que tener un final, imprimiendo un batiburrillo recogido que se aproxima a la obra completa, labor que se desmonta con la aparición, por sorpresa, de aquel relato olvidado en un cajón de la casa de verano, o enviado a un amigo en tiempos de dificultad.
Ése ha sido el caso del relato de Julio Cortázar "Ciao Verona", que ha sido publicado recientemente en un periódico español de amplia tirada. Por qué y cómo ha escapado este relato a las diferentes colecciones de narrativa de Cortázar es algo que desconozco, pero esta aparición ha debido poner de los nervios a los editores de las obras completas que Galaxia-Gutenberg está preparando, edición que por su parte añadía otro relato inédito hasta el momento ("Bix Beiderbecke"), para sonrojo de las anteriores recopilaciones completas de sus relatos.
Así pues, un gran motivo para no adquirir ninguna de estas obras completas es que nunca van a llegar a serlo, aunque sea una buena aproximación. De todas formas, la gran labor que está haciendo Galaxia-Gutenberg me ha atraído, y empecé adquiriendo las obras completas de Franz Kafka, por ser breves y por poseer yo pocos de sus libros. Por la debilidad que siento por su literatura, continué con las de Cortázar, que todavía no han dejado de publicarse, y que ya sé que no serán definitivas. Juan Carlos Onetti, otro de mis escritores preferidos, está siendo también coleccionado. Y me pregunto cuánto tiempo más resistiré las obras completas de Vargas Llosa, Neruda, Nabokov... qué bien conoce el mercado Galaxia-Gutenberg. Me refiero al mercado de los fetichistas bibliófilos, por supuesto.


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