domingo, septiembre 23, 2007

Contexto y literatura. Los casos de Muñoz Molina y Carver.


"Para entender a Antonio hay que ser de Úbeda", comentan sobre la obra de Antonio Muñoz Molina sus paisanos. Muñoz Molina se desanima ante este comentario, porque él opta a que su literatura sea universal. Opta a que sus libros, a pesar de estar afincados en los recovecos de su infancia, puedan ser entendidos por personas a lo largo y ancho de este mundo. Si en su última novela "El viento de la luna" vuelve a indagar en el origen, en su familia, y se centra en las relaciones con sus padres y sus abuelos, no pretende desde luego que sólo le entiendan las personas que han vivido ese mundo rural, poco higiénico y embrutecido de su infancia, sino todo aquél que ha sufrido la opresión y la necesidad de volar siendo adolescente. Aunque fuera hacia la Luna.

Estoy de acuerdo con don Antonio, y imagino que como yo, todos sus fieles lectores, tanto paisanos como extranjeros. Yo no he tenido una infancia sin agua corriente, y mi padre no tenía esas manos encallecidas por azadones y cuerdas de esparto, pero capaces de determinar el punto óptimo de madurez de un tomate. Mi padre fue un lector impenitente, y me transmitió esa afición lenta y pausadamente, como sin quererlo. Pero he vivido muchos años a escasos kilómetros de donde ocurrió la infancia de Muñoz Molina, y sé bien de lo que habla. Y sin querer menospreciarle, creo que sí, que estoy capacitado para entenderle mejor, como lo estarían más mis amigos del colegio que recogían el carbón para el brasero en la droguería del barrio, o que eran encargados del sacificio de la última e incómoda camada de la perra atada a la puerta del cortijo.


Por el mismo motivo, los relatos de Raymond Carver, aunque universales y capaces de transmitir una inquietud y esperanza confusas y amargas, deben ser más fácilmente comprendidos por aquellos que han vivido en los mundos que describe. Y no me refiero a que hay que ser alcohólico para entender una novela sobre alcoholismo, sino al medio social donde se desenvuelven sus historias. Se trata habitualmete del oeste de los Estados Unidos, regiones amplias y poco habitadas, donde usualmente no falta trabajo. Ciudades llenas de posibilidades para el hombre diligente y trabajador, donde nace el sueño americano cada noche, pero donde existen también los abandonados, la llamada "white trash". Muchos de sus personajes se dedican a labores desconocidas por quien no haya vivido en América. El contexto, para el lector extranjero, es casi desconocido. ¿Es posible interpretar con exactitud la voluntad de Carver sin ese conocimiento previo?


Me gustaría responder que sí, que Carver, con su literatura sencilla, libre de complicaciones semánticas y gramaticales, es directamente el pensamiento de sus personajes, dedicados normalmente a labores manuales, muchos de ellos con vidas anodinas, matrimonios desechos y familias desmadejadas. Carver, que sufrió el alcoholismo de su padre y el de él mismo, divorciado una vez, conoce bien esos sentimientos. La brillantez de Carver no reside en haberlos sufrido, sino en transmitirlos de una forma transparente a alguien que viva a decenas de miles de kilómetros de Oregón.
"Catedral", la compilación de relatos de Carver que acabo de leer, es en sí un maravilloso ejemplo de esta literatura universal que alcanza todos y cada uno de los corazones humanos. Sus historias, narradas todas en primera persona, nos invitan a pensar en la soledad y aislamiento que sufrimos durante la vida. No es necesario tener problemas económicos o estar por tercera vez en un centro de rehabilitación para darse cuenta de que, a pesar de todo, son seres humanos solitarios, casi niños abandonados, los que desfilan por sus cuentos. Carver, que significa "tallador" o "trinchador", contiene en sí mismo y en su literatura, la metáfora de su nombre.

"Catedral" consiste en una docena de relatos que atraviesan culturas y océanos, clases sociales y fronteras, para adentrarse en nuestros corazones. Carver puede hacerlo posible, y Muñoz Molina también.