miércoles, agosto 01, 2007

Las curas milagrosas del doctor Aira

¿Es César Aira un genio de la literatura? Según cierta crítica literaria, mejor dicho, según Ignacio Echevarría, es uno de los mejores autores de la literatura en español de la historia. He aprendido que cuando un crítico, no importa quién y no quiero hacer de ello una cuestión personal, hace una afirmación de este tipo, está normalmente equivocado. La campaña que Echevarría ha hecho de César Aira en España ha sido espectacular, y Echevarría nunca salía del asombro de cómo era que no había llegado a ser leído por el gran público, e incluso se sorpendía de la actitud más comedida de otros críticos.

A veces no son los literatos, con sus habilidades en la escritura, los que avanzan hacia el reconocimiento general de los lectores. Algunos grandes escritores no han sido reconocidos hasta después de su muerte, y ocasionalmente se ha dado por encontrar grandes novelas en cajones, armarios y desvanes, preparadas para ser descubiertas por algún editor o crítico. Podemos estar seguros de que si no se publica una obra, no llegará a ser conocida; pero también podemos afirmar que sin una crítica favorable, los autores y los libros pueden pasar sin pena ni gloria por la mesa de novedades de las librerías.

Es menos común el impulso personal de algún editor o crítico por un autor vivo. Mario Muchnick, el editor genial experto en llevar editoriales a la quiebra, se puso la medalla de descubrir a Elias Canetti y hacer posible que le concedieran el premio Nobel. Tras este caso de empeño personal ímprobo, sólo conozco el de Aira y Echevarría como pareja de escritor y propagador dedicado.

He leído sólo una pequeña parte de la obra de Aira, y aunque me gusta y me parece un escritor original y merecedor de laurales y glorias en vida, no creo que sea mejor que Borges, ni si siquiera mejor que Cortázar, por citar dos de sus compatriotas, a pesar de que le guste denostar a éste último. Aira llama la atención por la temática que elige, podríamos decir absurda e incluso disparatada, para el desarrollo de sus novelas. Temáticas alocadas que enfunda en su prosa de forma creíble y hasta factible, creando una serie de mundos excéntricos y malvados, posibles fábulas, metáforas y parábolas del mundo actual. Uno no puede dejar de quedarse perplejo tras cada una de sus obras, sorprendiendo una y otra vez con situaciones imposibles. Nadie como él es capaz de escribir de fenómenos paranormales, metafísicos o religiosos, construir de los recuerdos infantiles un misterio profundo o hacer de la casa de sus amigos un museo viviente e incitante.

Pero vayamos a por Las curas milagrosas del doctor Aira. Este libro, publicado por Mondadori en 2007, consta de tres novelas cortas, o relatos largos, no sé muy bien estimar esa extensión intermedia tan difícil de establecer. La primera, que presta el título al volumen, es sin lugar a dudas la que mejor define el carácter personal y único de la literatura de Aira. Primero, su nombre aparece tanto en el título como en la novela, al ser el nombre del personaje principal y narrador. No nos esconde nada Aira, puesto que alguien que hace curas milagrosas va a ser bastante estrambótico. Y poco a poco nos explica cómo el doctor, sin título de medicina realmente, realiza sus extrañas curaciones, merced a la exclusión dentro de los universos paralelos posibles de las causas y consecuencias de la enfermedad que sufre el paciente. El escritor Aira nos deja muy fácil lo que quiere decir: se trata de una imagen de él mismo, donde las curas del doctor son en realidad los relatos del escritor. Tan sorprendente temática nos deja agotados de forma apabullante, sobre todo en el desarrollo casi histriónico de la historia. Pero al hacer Aira esta vez demasiado evidente la comparación entre su cura milagrosa y la escritura de una novela, se desinfla la metáfora y queda la duda si las intenciones del autor eran en realidad otras diferentes. Pero no podemos estar de acuerdo en que escribir una novela es un tipo de milagro.

Las otras dos historias no se parecen en nada a la primera, y nada entre sí, lo cual es una definición de la obra de este autor. El tilo y Fragmentos de un diario en lo Alpes nos presentan a dos Airas totalmente distintos, aunque los tres relatos constan de las características peculiares de un escritor personalísimo, de un mundo capaz de parecer insultante por original. El tilo hace lo que parece una recreación de su infancia, pero con varios caballos de Troya escondidos entre sus aparentemente pausadas rememoraciones. Fragmentos es más difícil de definir, lo único que puedo decir es que se trata de una mera reflexión espontánea y agudo divertimento literario.

A veces me pregunto qué piensa Aira de sus lectores, porque no creo que no pueda evitar cierto sonrojo ante este juego a que nos tiene sometidos. Un intento continuo de sorprender y estigmatizar a sus lectores con temas inesperados y un poco gamberros que parece no agotarse nunca. Yo pienso seguir adquiriendo poco a poco sus libros, aunque he desistido de entender sus intenciones. Pero el que éstas sean indiscernibles no lo hacen un genio ni un autor imprescindible; disfrutarán de él si les gusta la literatura en estado puro, si no es así, pasen de largo.

2 comentarios:

josé luis dijo...

Estaba yo pensando en los 15.324 escritores que aproximadamente hay que leer antes, durante y después de morir cuando he podido disfrutar de esta estupenda entrada de Rafa, y me he dicho, ¿estaría en esa escueta y exclusivista lista el ínclito César Aira? Y, claro, no me he podido responder, primero porque estaba peleándome con un estofado de rabo de toro que era todo hueso (y yo no sé hacer dos cosas a la vez, como todos sabemos) y segundo porque no he leído nunca a César Aira, y hablar de lo que no se sabe es de mala educación salvo que se sea contertulio y/o polemista de televisión. Y si la respuesta fuera afirmativa, ¿habría que leerlo antes, durante o después de morir? Si le preguntara a Javier Echevarría me diría que hay que leerlo hasta en la ducha, pero es que él es, precisamente, el culpable de que yo no haya leído aún al escritor argentino. Por definición me niego a leer cualquier autor que le guste a este crítico, quizás porque me gustan todos los escritores que a él le parecen emborronadores de hojas y terroristas de la literatura, y quizás también porque descreo sistemáticamente de los críticos que encuentran una obra maestra cada siete días y a autores inmortales de la literatura universal mayormente entre sus amistades. Ya me costó lo suyo comprarme una novela de Roberto Bolaño, íntimo del crítico, aunque tengo que reconocer que ha sido la excepción que confirma mi particular regla.

También estoy un poquito harto de escritores que abominan de Cortázar cuando se ve que lo han leído de cabo a rabo y por cierto no han aprendido nada aunque ellos insistan en querer demostrarnos lo contrario. No es que Cortázar fuera el primero que introdujera la idea del juego en la literatura, ni Borges, por hablar de ascendientes argentinos, pero la singular forma de narrar de estos dos escritores ha hecho pensar a algunas generaciones de literatos que la cosa era sencilla cuando, como todo juego, el estilo guardaba sus trampas bien ocultas. La mayoría de los que después lo han intentado no han hecho más que enseñar las costuras y la tramoya de algo muy bien hilado, igual que los epígonos de García Márquez han creído que haciendo volar a los personajes y describiéndolos con el pelo verde podían acercarse a la maestría del colombiano.

Conociendo los temas que suele abordar César Aira he temido que fuera un epígono más, un trilero que nos quiere dar gato por liebre con temas poco más o menos originales cogidos con pinzas, pero bueno, en aras de hacer mi lista de los 15.324 escritores... lo más completa posible, me parece que voy a leerlo siempre y cuando Rafa me recomiende un libro suyo por el que empezar con buen pie. Nunca se sabe. A cambio estoy dispuesto a desvelar el nombre de un escritor argentino excepcional que, increíblemente, no ha tenido en España ningún eco, tal vez porque no es amigo de Javier Echevarría. Como es lógico, no lo leí aquí en España, sino en los Andes, dentro de la maleta de un tipo que me acababa de comer (reconozco que cometí un acto horrible, robar el libro de un desconocido, pero ya no le iba a servir para amenizar más viajes en avión...).

Rafamaldo dijo...

No siempre es fácil acercarse a un autor, y más si lo recomienda un crítico odiado. Además del mencionado, sólo he leído de Aira "Canto castrato" y "El bautismo". El primer libro parece una novela histórica a la moda, pero desvela varias capas de intenciones y todavía no creo que haya llegado a la última. El segundo, es un cataclismo absorbente. Sus temáticas son absolutamente descabelladas, aunque "Canto castrato", por su estructura y situación histórica, es más accesible.
Ambas novelas me parecen valiosas, fruto del buen quehacer de Aira. Pero no voy buscando las obras de este autor con excesiva vehemencia. Simplemente, si descubro alguna, la leo. No sé si con eso logro transmitir algo...
Lo más interesante de sus obras es la gran capacidad de sorprender, algo cada vez más difícil en los tiempos literarios que vivimos.