lunes, julio 16, 2007

Literatura cruzada


Hay una forma clásica de fomentar la lectura y de incitar a la literatura, y es el argumento de que la lectura nos abre los ojos a nuevos mundos, culturas, sensaciones e ideas. Muchas obras literarias lo hacen así, pero me sorprende la gran cantidad de relatos relacionados únicamente con la misma literatura. Parece ser que los literatos viven en un mundo peculiar que se autoalimenta, y que de alguna forma es capaz de crecer desde dentro hacia adento, sin ni siquiera resquebrajarse la corteza exterior. Esta literatura interna es uno de los grandes logros de la literatura moderna, y no dejan de escribirse novelas que tratan de novelas, de literatos o simplemente de escritura.

Los años noventa del siglo pasado han estado llenos de estas piezas de literatura autoreferencial, plagadas de guiños a los amantes de la literatura, en lo que se puede llamar posmodernismo del argumento literario. Para muchos autores, el describir la naturaleza de sus relaciones con la literatura es suficientemente literario para formar un cuerpo de vida propia, una recreación de la narración dentro de la narración. No es novedoso ni original, aunque creo que de todo ello podemos reflexionar sobre lo que esperamos de los autores actuales. ¿Qué esperamos que nos cuenten? ¿Es posible aportar algo a la literatura, en los tiempo que corren? ¿No se ha dicho todo ya?

La respuesta es, efectivamente, sí y no. Sí se ha dicho todo ya, y no se ha dicho todo todavía; la literatura es el río de Parménides. Es el mismo río, pero no nos podemos bañar en él dos veces, porque el agua que lleva es diferente, y esas moléculas de H2O no volverán a mojar nuestra piel. El río fluye, cuesta abajo, y el tiempo pasa, hacia el futuro, por lo que ningún libro puede comentar lo mismo si se ha escrito algún tiempo después. O, si me apuran, si los lectores son otros. Porque aunque la literatura la crean los escritores, son los lectores los que la conforman.

Traigo estos comentarios porque acabo de leer dos libros relacionados entre sí por este tipo de referencias, lo que podríamos llamar literatura cruzada. El primero de ellos, Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas, es un puro ejemplo de lo mencionado anteriormente. Bartleby es el famoso personaje del cuento de Melville, que prefiere dejar de escribir. Se trata de un escribiente, no de un escritor, pero Vila-Matas trata en su libro de los autores que han dejado de escribir, que han tomado la decisión de dejar su trabajo literario, en muchos casos tras dejar a su paso verdaderas obras maestras de la literatura universal. El libro, narrado en primera persona, nos habla de la obsesión de un hombre por estos escritores de la negación, del no. Docenas y docenas de escritores que decidieron, por diversos motivos, dejar de escribir ¿Puede haber algo más autoreferencial que este libro? Casi paradójicamente, Vila-Matas llegó a reconocer que tras publicar esta novela, estuvo a punto de caer en una negación de su propia obra, dejar de escribir. Este libro, al que me cuesta llamarle novela, ensayo o cualquier otra cosa, es una encomiable reflexión sobre el origen del hecho literario. ¿Puede no tener fin una novela? ¿Y principio? De la misma forma, un escritor puede no tener principio ni fin.

Seguidamente, tras acabar la lectura del libro de Vila-Matas, inicié la de Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño. Ya sé que no son libros actuales, pero son trabajos pendientes que era necesario comentar. Los relatos del libro son desiguales, como viene siendo habitual en este tipo de colecciones, pero Bolaño vuelve a traer en uno de sus cuentos a un personaje inspirado en Vila-Matas, al que dedica el cuento. Bolaño también recurre a su propia vida como argumento principal de muchos de estos cuentos, aunque me temo que exagere en lo que respecta a su actividad sexual. Una pequeña licencia, sin duda, o quizá me corroa la envidia, no sé. En Llamadas, Bolaño es autor y protagonista, e incluso nos cuenta como aprendió a concursar con éxito en los diversos certámenes literarios que alcanza la geografía española, en un relato magistral como sólo don Roberto puede escribir.

Si Bolaño cita a Vila-Matas e incluso lo imagina enfrascado en la publicación de una novela que nunca sale a la luz (no sabemos si es un castigo o una broma la que le impone a Vila-Matas), el caso es que pensando un poco, sospecho que también en Bartleby hay referencias a Bolaño. Ambos autores ejercen un tipo de literatura basada en el hecho literario, en su biografía personal, en sus opiniones, construyendo novelas que son más bien ensayos o disgresiones, con poco argumento lineal pero llenos de viveza e inquietud. El mismo Vila-Matas comenta sobre Bolaño: es un escritor que le recuerda a él mismo.

Los libros de ambos no son, ni mucho menos, obvios ni desechables. Alegrémonos que después de miles de años de literatura, haya escritores capaces de hacernos recordar que el río de la palabra nos baña de nuevo cada día. Que lo disfruten.