La chica sobre la nevera
Me estoy cansando de su blog, don Rafael. Como lo oye, sólo son buenas reseñas de libros memorables. Así cualquiera...
- Perdón, pero... ¿quién es usted?
- Un crítico literario de los de antes. Llámeme don Mariano.
- Encantado de conocerle, don Mariano. Pues verá, si no se explica usted mejor...
- Entre sus reseñas sólo hay premios Nobel, grandes obras de la literatura y demás incuestionables maravillas de la escritura. Así cualquiera las critica. Métase con algún libro peñazo, a ver si es capaz de sacarle punta. Sólo leer lo bueno oxida la mente, se lo digo yo.
- Pero no puse muy bien aquel libro de Martín Garzo...
- Menudencias, salió bien parado, no le creo que no le gustara.
- Bueno, espere que haga memoria.
- No, se lo recuerdo yo. Ninguna mala crítica. Y es que cualquiera arriesga con sus lecturas. ¿No ha leido peñazos?
- Bueno, sí, pero es que como los evito...
- Ya sabía yo, ya. Nada de Premios Primavera, Planeta y esas cosas. Nada de misterios medievales y conspiraciones vaticanas... nada de guerra civil... usted es una engañifa. Hay que apechugar con lo que viene, don Rafael. Déjese de placeres y lea algo arriesgado. Dése un paseo por el lado salvaje y lea algo cuestionable por una vez. A ver si nos va a resultar usted apocado...
- ¿Se refiere a cobarde?
- Más o menos, ya me entiende. ¡Soy de los de antes, amigo mío!
Siguiendo la petición de don Mariano, reconozco que hace unas semanas me arriesgué. Acabo de terminar un libro de relatos, La chica sobre de la nevera y otros relatos, de Etgar Keret.
Keret es israelí y nació en 1967. Con eso ya tenemos riesgo para rato. Leyendo la contraportada aprendo que se trata de un escritor polifacético, que ha hecho guiones para cine y televisión, novela gráfica y, sobre todo, relatos. Relatos muy cortos. Relatos escalofriantes unos, incomprensibles otros, pero que no dejan indiferente.
A uno le gustaría pensar que debido a las incursiones del autor en el mundo audiovisual, los relatos se mueven en el mundo del videoclip y de las novedades artísticas de vanguardia.
- Esto promete, don Rafael. Perdone, no le interrumpo más.
Gracias. Keret, efectivamente, intenta entrar en un mundo literario que nos pide innovación y novedades. Su juventud lo exige y en cierta forma lo logra. Sus relatos, aunque reflejen muchos de ellos la exhasperante vida que llevan los ciudadanos alojados en uno de los rincones más violentos del planeta, podrían localizarse en cualquier lugar del mundo. Porque en todos sitios hay hombres atormentados y acobardados por lo que les rodea. Esos relatos son fruto de la sociedad actual, manejada por unos pocos políticos que nos llevan como marionetas de un conflicto a otro.
- No se pase amigo, que yo no pedía tanto.
No se preocupe, que ya acabo. Otra serie de relatos tratan la infancia desde un punto de vista muy particular. Desde el punto de vista del niño. A veces me he preguntado porqué a los niños se les tiene apartados de la literatura. Me refiero a que las principales obras del siglo XX aparecen pocos niños. Muchos adolescentes, se ha escrito mucho de la pubertad, del despertar sexual, de la llegada a la edad adulta. Pero de los niños, con sus características propias y no como proyectos de adulto, apenas se ha hablado.
Se ha construido un mundo literario para ellos, y allí pertenecen, aislados entre cuentos infantibles que no tienen que ser necesariamente sensibleros. Aprovecho para citar entre ellos los libros infantiles de Roald Dahl, de entre los mejores que nuestros niños puedan leer. Parece que los escritores no saben o perciben que los niños tienen sentimientos y que por ellos pueden fluir muchas pasiones y temores, que no son sencillas máquinas que rápidamente olvidan y perdonan. Pueden tener una extrema crueldad, que a veces es disculpada con la excusa de que son niños, haciendo doblemente cruel el resultado y provocando una impunidad de la que muchos se aprovechan. Leí una vez que había musicólogos que no entendían como Mozart niño podía componer obras con tanto sentimiento y delicadeza, cuando su alma no podía haber madurado, cuando no podría conocer los arrebatos del amor (léase sexo) y de la crueldad humana.
Es cierto, y comparto, que hay una serie de sensaciones que un niño puede no haber sufrido... pero un adulto tampoco. Estoy seguro de que hay niños con mayor sensiblidad que muchos adultos, y que por supuesto su complejidad argumental y sentimental puede ser enorme, superior a los adultos, que simplifican y olvidan la confusión que un niño puede sufrir. El mundo del niño es, con mucho, diferente pero no exento de sensaciones y suspicacias, están sujetos a la dictadura de los mayores, a la crueldad del "cuando seas mayor lo entenderás" y a la dureza del "porque lo digo yo". Ser niño no es fácil, y sólo unos pocos autores (se me ocurre ahora, además de Dahl, Ana María Matute) han sacado provecho de ese mundo lejano de nuestra infancia, pero que en realidad es de tremenda importancia para nuestra vida, si hacemos caso a lo psicólogos.
- No se me vaya por las ramas.
Otro conjunto de cuentos de este libro corresponde a una respuesta interior a un posible vacío o sin sentido exterior. La regresión de los absurdos del mundo al mundo del absurdo. Son cuentos que me han recordado a Julio Cortázar, especialmente Un cuadro, que es una maravilla recreación del mundo cortazariano. En definitiva, un conjunto de relatos de irregular calidad, muy variados en tema y contenido, que dan bastante que pensar. Todo ello escrito con el lenguaje directo de la sociedad actual, de la televisión o de los comentarios en la calle. Es una literatura ligera de formas, pero profunda en su significado.
- Ya me lo veo venir... a que le ha gustado también el librito...
Lo siento, don Mariano. Ya sabe que en realidad tengo buen corazón. Keret es un escritor admirado y reconocido a pesar de su insultante juventud. En su página web podemos encontrar varios de sus relatos traducidos al inglés...
- Me estoy indignando caballero.
- No se me ponga así... ¿no le parece que nos tuteemos?
- ¿CÓMO DICE USTED?
- Perdón, pero... ¿quién es usted?
- Un crítico literario de los de antes. Llámeme don Mariano.
- Encantado de conocerle, don Mariano. Pues verá, si no se explica usted mejor...
- Entre sus reseñas sólo hay premios Nobel, grandes obras de la literatura y demás incuestionables maravillas de la escritura. Así cualquiera las critica. Métase con algún libro peñazo, a ver si es capaz de sacarle punta. Sólo leer lo bueno oxida la mente, se lo digo yo.
- Pero no puse muy bien aquel libro de Martín Garzo...
- Menudencias, salió bien parado, no le creo que no le gustara.
- Bueno, espere que haga memoria.
- No, se lo recuerdo yo. Ninguna mala crítica. Y es que cualquiera arriesga con sus lecturas. ¿No ha leido peñazos?
- Bueno, sí, pero es que como los evito...
- Ya sabía yo, ya. Nada de Premios Primavera, Planeta y esas cosas. Nada de misterios medievales y conspiraciones vaticanas... nada de guerra civil... usted es una engañifa. Hay que apechugar con lo que viene, don Rafael. Déjese de placeres y lea algo arriesgado. Dése un paseo por el lado salvaje y lea algo cuestionable por una vez. A ver si nos va a resultar usted apocado...
- ¿Se refiere a cobarde?
- Más o menos, ya me entiende. ¡Soy de los de antes, amigo mío!
Siguiendo la petición de don Mariano, reconozco que hace unas semanas me arriesgué. Acabo de terminar un libro de relatos, La chica sobre de la nevera y otros relatos, de Etgar Keret.
Keret es israelí y nació en 1967. Con eso ya tenemos riesgo para rato. Leyendo la contraportada aprendo que se trata de un escritor polifacético, que ha hecho guiones para cine y televisión, novela gráfica y, sobre todo, relatos. Relatos muy cortos. Relatos escalofriantes unos, incomprensibles otros, pero que no dejan indiferente.
A uno le gustaría pensar que debido a las incursiones del autor en el mundo audiovisual, los relatos se mueven en el mundo del videoclip y de las novedades artísticas de vanguardia.
- Esto promete, don Rafael. Perdone, no le interrumpo más.
Gracias. Keret, efectivamente, intenta entrar en un mundo literario que nos pide innovación y novedades. Su juventud lo exige y en cierta forma lo logra. Sus relatos, aunque reflejen muchos de ellos la exhasperante vida que llevan los ciudadanos alojados en uno de los rincones más violentos del planeta, podrían localizarse en cualquier lugar del mundo. Porque en todos sitios hay hombres atormentados y acobardados por lo que les rodea. Esos relatos son fruto de la sociedad actual, manejada por unos pocos políticos que nos llevan como marionetas de un conflicto a otro.
- No se pase amigo, que yo no pedía tanto.
No se preocupe, que ya acabo. Otra serie de relatos tratan la infancia desde un punto de vista muy particular. Desde el punto de vista del niño. A veces me he preguntado porqué a los niños se les tiene apartados de la literatura. Me refiero a que las principales obras del siglo XX aparecen pocos niños. Muchos adolescentes, se ha escrito mucho de la pubertad, del despertar sexual, de la llegada a la edad adulta. Pero de los niños, con sus características propias y no como proyectos de adulto, apenas se ha hablado.
Se ha construido un mundo literario para ellos, y allí pertenecen, aislados entre cuentos infantibles que no tienen que ser necesariamente sensibleros. Aprovecho para citar entre ellos los libros infantiles de Roald Dahl, de entre los mejores que nuestros niños puedan leer. Parece que los escritores no saben o perciben que los niños tienen sentimientos y que por ellos pueden fluir muchas pasiones y temores, que no son sencillas máquinas que rápidamente olvidan y perdonan. Pueden tener una extrema crueldad, que a veces es disculpada con la excusa de que son niños, haciendo doblemente cruel el resultado y provocando una impunidad de la que muchos se aprovechan. Leí una vez que había musicólogos que no entendían como Mozart niño podía componer obras con tanto sentimiento y delicadeza, cuando su alma no podía haber madurado, cuando no podría conocer los arrebatos del amor (léase sexo) y de la crueldad humana.
Es cierto, y comparto, que hay una serie de sensaciones que un niño puede no haber sufrido... pero un adulto tampoco. Estoy seguro de que hay niños con mayor sensiblidad que muchos adultos, y que por supuesto su complejidad argumental y sentimental puede ser enorme, superior a los adultos, que simplifican y olvidan la confusión que un niño puede sufrir. El mundo del niño es, con mucho, diferente pero no exento de sensaciones y suspicacias, están sujetos a la dictadura de los mayores, a la crueldad del "cuando seas mayor lo entenderás" y a la dureza del "porque lo digo yo". Ser niño no es fácil, y sólo unos pocos autores (se me ocurre ahora, además de Dahl, Ana María Matute) han sacado provecho de ese mundo lejano de nuestra infancia, pero que en realidad es de tremenda importancia para nuestra vida, si hacemos caso a lo psicólogos.
- No se me vaya por las ramas.
Otro conjunto de cuentos de este libro corresponde a una respuesta interior a un posible vacío o sin sentido exterior. La regresión de los absurdos del mundo al mundo del absurdo. Son cuentos que me han recordado a Julio Cortázar, especialmente Un cuadro, que es una maravilla recreación del mundo cortazariano. En definitiva, un conjunto de relatos de irregular calidad, muy variados en tema y contenido, que dan bastante que pensar. Todo ello escrito con el lenguaje directo de la sociedad actual, de la televisión o de los comentarios en la calle. Es una literatura ligera de formas, pero profunda en su significado.
- Ya me lo veo venir... a que le ha gustado también el librito...
Lo siento, don Mariano. Ya sabe que en realidad tengo buen corazón. Keret es un escritor admirado y reconocido a pesar de su insultante juventud. En su página web podemos encontrar varios de sus relatos traducidos al inglés...
- Me estoy indignando caballero.
- No se me ponga así... ¿no le parece que nos tuteemos?
- ¿CÓMO DICE USTED?

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