martes, mayo 01, 2007

Algo pasa con Julio



E
stando una noche desintoxicándome de realidad frente a la caja de las maravillas, oigo en un anuncio, único resquicio de creatividad que presenta este invento, unas palabras que me inquietan. Hablan de un reloj, que regalan a alguien, y al final en realidad ese alguien es el regalado al reloj. No recuerdo qué anuncian, pero esas palabras sugerentes golpean mi subconsciente. Sí, no me equivoco, son las palabras de Julio. Macarena me dice que incluso le parece que es la voz del mismo Julio la que pronuncia, durante escasos treinta segundos, las duras observaciones que nos esclavizan a los relojes, nos los regalen o no, con esas eses arrastradas, las erres medio afrancesadas o con frenillo, las jotas pronunciadas fuertemente...

Me maravilla mi capacidad de reconocer esas palabras, y me maravilla la capacidad de Macarena de reconocer esa voz. Porque no soy una de esas personas con una memoria enciclopédica, ni he sido un alumno aventajado por el hecho de aprender de memorieta fechas de batallas, listas de reyes godos o fórmulas matemáticas. Simplemente sé que se trata de las palabras de Julio. Tengo en mi librería muchas de las obras que Julio escribió, pero no todas. Tengo, como buen fetichista bibliófilo que se precie, tres colecciones de sus relatos completos: los publicados por Alianza en su mítica colección de bolsillo, los de las obras completas que está editando Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, y una edición heredada de sus relatos publicada por Círculo de Lectores en 1970, y que guardo con gran cariño porque fue el libro que me descubrió su literatura sin igual. Tengo además un compendio de cuentos (así los quiso llamar Ana María Matute, a pesar de que Julio siempre se refirió a relatos) publicado por Salvat en 1985. Tengo todas sus “novelas”, si podemos clasificarlas en ese encerrado título, no sabemos si son de sofá o no, suerte que cuando las escribió Julio todavía no había muerto; la novela, se entiende. Y he leído el resto de su obra, no sé hasta qué punto de forma exhaustiva, en libros de bibliotecas diversas, de forma probablemente inverosímil y sincopada. “Historias de cronopios y famas es uno de esos libros de biblioteca, o prestado, o “intervenido”, que he leído probablemente sólo una vez en mi vida, o puede que quizá dos veces como mucho, cuando era estudiante hace ya la friolera de al menos veinte años. A éste volumen, caústico, irónico y cruel reflejo de la sociedad moderna, pertenece el texto del anuncio televisivo, el relato “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj”.

Gracias a mi amigo José Luis, que me anunció su publicación y puesta en venta en DVD, tengo la entrevista que para TVE le realizó en 1977 Joaquín Soler Serrano en el programa “A fondo”. Es ahí donde podemos escuchar su voz, y de donde probablemente Macarena recuerda su acento. Pero ¿qué pasa con Julio que soy capaz de recordar unas palabras escritas por él, y que no he vuelto a leer en veinte años? ¿Han quedado grabados a fuego en mi hipotálamo sus cronopios y famas? No creo posible que pudiera recordar un fragmento de, por ejemplo, Las máscaras del héroe o de Juegos de la edad tardía. Pero siempre recordaré a Julio, no hay duda. Me gusta imaginar que cuando mi memoria quede debilitada por la edad, y mis arterias cerebrales estén duras e inútiles, seré entonces capaz de recitar sus relatos. Que así sea.

Uno podría pensar que yo soy el afectado, que no es la literatura de Cortázar la que tiene este efecto demoledor en los recuerdos de sus lectores. Pero creo que no es así. Sólo basta acercarse a internet para comprobarlo.

  • Podemos escuchar a Julio Cortázar leyendo este relato.
  • Múltiples e interesantes vídeos colgados en YouTube, incluyendo la citada entrevista de 1977.
  • Y el vídeo del anuncio mencionado.