sábado, abril 07, 2007

Un paraguas para este dia. Wilhelm Genazino



Es curioso lo que podemos aprender del estilo literario de los autores cuando leemos los libros en orden inverso al que se que han ido publicando, posiblemente también escribiendo. Se trata de uno de los escritores más recientemente añadidos a mi biblioteca. Genazino ya ha sabido encontrar un hueco destacado en mis estantes, como ya he comentado en otras ocasiones. En su libro "Desvarío amoroso", el protagonista es un hombre normal, de mediana edad, que observa pasar la vida con una indiferencia crónica, pero un interés inmenso en los pequeños detalles sin importancia. Una vida que es más bien navegar en el proceloso mar de la rutina y la posmodernidad.

La pregunta que surge de la lectura de "Desvarío amoroso" es cómo ha llegado el personaje a ese estado de casi nirvana existencial, basado en la observación impertérrita de la realidad más cercana y de la realización de una labor remunerada de improbable existencia. Una parte de la respuesta está en "Un paraguas para ese día". Aunque su nombre no aparece en ninguno de los dos libros, el personaje se nos antoja el mismo, una persona que más que vivir parece que deambula por una ciudad de mediano tamaño, donde se cruza cotidianamente con las personas que van formando su relación social. Una relación extraña, porque la ocupación del protagonista de "Un paraguas..." es también inverosímil: se dedica a probar zapatos.

Esta ocupación, por supuesto, le deja mucho tiempo libre para realizar su pasatiempo preferido: observar los más nimios acontecimientos que suceden a su alrededor. No hay otra forma de escribir estas novelas que siendo asimismo un agudo observador. No me sorprende esa capacidad escrutadora, común en muchos grandes escritores y novelistas. Una parte importante de la imaginación del escritor brota de la realidad observada, de la inquietud que la vida de los otros siembra en sus mentes, y de la posible elaboración de las vidas observadas como trama literaria.

Pero Genazino me reservaba una sorpresa en este libro: el protagonista, por fin, no es tan frío ni socarrón como el de "Desvarío..." En un monólogo delicioso, Genazino nos van introduciendo lentamente en el pensamiento del protagonista de una forma magistral. Se siente agobiado por la situación en la que se encuentra, está realmente amargado por su situación laboral, y parece que incluso piensa en el suicidio. Los personajes no son simplemente locos desesperados dedicados a una actividad inofensiva, sino personas que sufren y que anhelan una vida mejor de la que llevan. Estos sentimientos son, quizá, más humanos y reales que las asépticas elucubraciones que posteriormente se describen en la siguiente novela. Los embates de la vida, recordemos que son los avatares de un hombre que vive en uno de los países más ricos de la tierra, son los que llevan al protagonista a recluirse en su mundo interior de reflexión y obsesión; es en realidad una vía de escape de las noticias desagradables que se ve obligado a oir, del pasado que quiere olvidar, del padre sobre el que tiene sentimientos mezclados. Un antihéroe que en vez de luchar contra el infortunio, se enroca sobre sí mismo y abandona toda lucha para dejarse llevar. Pero no entra en una depresión al huso, sino en un proceso de rechazo de la realidad basado en la observación de mínimos sucesos.

Ya hemos comprendido la ruta del personaje que Genazino sitúa en ambas novelas, y resueltas las dudas, podemos imaginar su vida como una derrota sin lucha, o una victoria sin gloria. Apenas sin quererlo, el personaje nos parece que sale airoso de sus situaciones desesperadas, que efectivamente se ha encontrado entre la espada y la pared, pero que ha esquivado el pinchazo con un rápido y final giro de cintura.

Podemos ahora reconstruir la historia literaria de Genazino. Con "Un paraguas para este día" obtiene su primer gran éxito en Alemania, alcanzando fama internacional poco tiempo después. La publicación de "Desvarío..." confirma su calidad literaria y le aúpa a la lista de ventas de varios países. Espero y confío en que no nos defraude en sus próximas entregas, porque aunque entrañable, creo que el personaje está agotado, al menos en lo que evolución literaria se refiere. No me gustaría ver una serie de libros repeticiones de los éxitos anteriores, o con pequeños cambios basados más en matices que en renovación profunda. Que conste que hasta ahora cada uno de sus libros me parece originalmente único. Simplemente, queremos más literatura de parte de Genazino, pero en un registro de invenciones distinto.

Otras entradas en el blog sobre este autor:

1 comentarios:

josé luis dijo...

Querido Rafa: de Herr Genazino me temo lo peor, como te ocurre a ti. No creo que vaya a cambiar con facilidad el registro de sus últimas novelas publicadas, no por falta de talento, sino porque para escribir con ese detalle exhaustivo de los asuntos cotidianos hay que ser muy marujón, y no hay más que mirar fotografías de Genazino para darse cuenta de que tiene pinta de vieja solterona, con verruga en la mejilla incluida, que imagino llena de molestos pelillos. Resulta sospechoso que sus biógrafos oculten su verdadero nombre, que creo que es algo así como Frida Pavone, camarera de honor de los tres sepulcros de los Reyes Magos que se conservan en la catedral de Colonia. Entre buchito y buchito de Marie Brizard y de Quina Santa Catalina escribirá sus novelas para deleite de todos nosotros, o mejor dicho, para deleite de nuestros más bajos instintos marujones. Otro personaje ilustre, Marcel Proust, se dedicó a hacer lo mismo durante años y le salió una obra maestra universal, de la literatura y del cotilleo más bajo, escondido bajo la figura de la melindrosa Albertine. Todos los que hemos tenido una tía solterona sabemos lo que es eso, con la diferencia de que no escribían absolutamente nada (aunque guardaran en alcanfor las cartas de aquel antiguo novio que se fue a la Legión y no se volvió a saber más de él) pero que a cambio nos soltaban cinco duros cada vez que íbamos a verlas y a decirles que cada día estaban más jóvenes y más guapas.
Así que hazme caso y mira despacio la cara de Genazino. Con que mantengas la mirada algo más de tres segundos ya verás como te da ganas de decir: “¡Pero tiíta, qué guapa estás con ese paraguas azul que te has comprado en los moros!”