jueves, febrero 08, 2007

La piedra en el corazón. Luís Mateo Díez

Si hay algo que caracteriza realmente a un buen escritor es la capacidad de cambiar de registro. Mi amigo José Luís y yo lo hemos comentado muchas veces, hay escritores que se agotan una vez colmado su empuje narrativo inicial, pierden la imaginación y la originalidad estirando unas ideas que acaban siendo repetitivas y aburridas, aunque ellos las llamen estilo. Hay muchos ejemplos en los escritores de hoy en día, aunque uno de los mejores es Juan Manuel de Prada.

Sin embargo, no es en absoluto el caso de Luís Mateo Díez, que abandona sus campos leoneses, su paisaje imaginario de Celama, su fábulas y alegorías, para adentrarse en el mundo urbano del Madrid donde reside, sin abandonar los más profundos pensamientos y reflexiones en la mente de sus personajes en un ejercicio introspectivo de envergadura.

Porque Díez (Mateo es su segundo nombre) abandona sus estilos anteriores para avanzar en un nuevo campo, una nueva cita con la literatura, la novela introspectiva y hermética, donde apenas una televisión en un bar, unas reflexiones al final del libro, nos recuerdan lo que la propaganda del libro nos ha contado que menciona, el atentado que sufrió Madrid el 11 de marzo de 2004. Y a pesar de todo ello, su estilo, elegante y preciso, está presente en este nuevo golpe de timón argumental, dejándonos pistas evidentes a sus lectores, como la clave que da título al libro.

Si quisiera definir en una palabra este libro, sería la palabra dolor. Es un vocablo que se repite numerosas veces en la trama, y que merece un tratamiento especial por parte de su protagonista y narrador casi único, Liceo. El dolor y la incomprensión del sufrimiento ajeno, de su hija Nima, que sufre una enfermedad innonbrable e innonbrada, una personalidad atormentada y errática, una vida sumergida en el alcohol y los medicamentos, el tratamiento y la salvación, con la atenazante culpa de lastrar la vida de sus padres desde la infancia. Liceo acaba divorciándose de Aúrea, la madre de Nima, que tristemente despedaza su acribillada alma recordando cuando, poco y poco y casi sin darse cuenta, sospecharon de la terrible enfermedad de su hija, inteligente, brillante, delgadísima.

El dolor del dolor ajeno, la sensación de vacío que Liceo tiene corresponde en realidad a Nima, y ése es en verdad el argumento definitivo de la novela, presentada como a brochazos, bosquejos simulados, anotaciones extemporáneas de Liceo en cualquier papelito suelto. Fragmentos del pensamiento que encajan como un rompecabezas irrevocable. No hay nadie mejor para ponerse en el lugar de otra persona, y comprender su propio sufrimiento. O no entenderlo en absoluto, pero sufrir igualmente. Y en eso estábamos cuando el mútliple atentado irrumpe en la vida de los personajes, y de todos nosotros. ¿Es acaso el sufrimiento, el dolor, de más valor si es de más gente? ¿Podemos medir los sentimientos con unidades del sistema internacional?

Luis Mateo Díez declara que no escribe detalles autobiográficos en sus novelas, aunque en ésta parte de "experiencias". ¿Es posible?¿Algún amigo o conocido? No sé si será por ese motivo, o por la frialdad con la que Liceo cree que escribe, pero personalmente a mí muchas de sus frases me resultan frías y calculadas, cargadas de significado pero no de sentimiento. No me corresponden con un sufrimiento de un padre para con una hija. Son frases preciosas, sonoras y elegantes, pero que no alcanzan a conmoverme de por sí. Tengo que traducirlas internamente para evaluar su valor sentimental e interpretar su profundo significado. Algo así como lo que sentí al leer La ruina del cielo. Me queda entonces la duda de si no seré yo quien tiene la piedra en el corazón.

Aparte de estas consideraciones no sé si estilísticas o semánticas, y una vez leído el libro, me pregunté si se trata de una enorme metáfora, si es posible que la obra esconda un significado intencionado. Conocidas las costumbres del autor, cabe en lo posible. Pero sería tan estremecedor que prefiero dejarlo en posibilidad disparatada. Antes de pensar en ello, recuerden: no encontrarán aquí una novela sobre el 11-M. Ni pensarlo.