Literatura almagreña
El reciente encuentro del Grupo Alhamar en la ciudad manchega de Almagro y la evidente relación de ésta al teatro, que el Grupo pudo disfrutar en el Corral de Comedias complaciéndose con una buena representación de Don Juan Tenorio (recordemos que estamos en noviembre y al Grupo no le es indiferente la gran tradición literaria española), ha suscitado mi curiosidad por encontrar alguna raíz histórica que explique, aunque sea de forma modesta, la afición teatral de la ciudad, cuya fama ha trascendido fronteras hasta suscitar el interés del propio Orson Welles y su familia.
Debo la noticia que voy a ofrecer a unas poco conocidas Crónicas Almagreñas, escritas a finales del siglo XVII por Fray Norberto de Bolaños, que habitó durante un tiempo en las dependencias de la desaparecida Iglesia de Santa María de los Llanos. Igualmente debo agradecer la intuición de mi amigo Rafa Maldonado, que identificó el nombre de determinados palacios de la ciudad (Wessel, Xedler) con la poderosa llegada a España de Carlos V de Alemania y su cohorte de banqueros.
En efecto, los problemas financieros del emperador Carlos hicieron a los banqueros alemanes Fugger beneficiarios de las rentas de las minas de Almadén y los vincularon a Almagro, trayendo consigo a sus administradores. Aquella presencia germánica -cuenta Fray Norberto de Bolaños- supuso el esplendor de la ciudad y con ello el reclamo para algunos artistas alemanes cuyas ideas empezaban a ser perseguidas en la Alemania de la Reforma. Entre ellos, se tiene conocimiento de un tal Enrique Téllez, que escribió una serie de obras teatrales, llamadas Farsas de Carnaval (o simplemente Pasos), de algún predicamento en la época, aunque hoy desgraciadamente olvidadas.
Asegura nuestro cronista que no es difícil identificar el verdadero nombre del escritor en cuestión, puesto que el apellido Téllez procede del alemán Teller, de clara raíz sajona y cuyo significado sería narrador. Quiere decirse que el auténtico nombre del autor (y posiblemente, también cómico) sería el de Heinrich Teller, aunque también se apunta al nombre de Heinrich Sachs, por el hallazgo de un contrato de arrendamiento de tierras en que aparece este nombre junto al de un terrateniente llamado Zacarías Rollo, cerca de donde se emplaza en la actualidad el pueblo de Miguelturra. En cualquier caso, el falso apellido Téllez podría haber sido una doble forma de encubrir el verdadero, si se comprende la afición al juego de palabras al que tanto era dado nuestro escritor.
Entre las copias de las pocas Farsas que se conservan aparece una que, por su relación con el tema de este artículo, merece una especial consideración. Se trata de la farsa titulada Gutiérrez y el comendador de Almagro (es de observar que Gutiérrez también es apellido de origen germánico -Gut, significa valor en anglosajón, y Ire es ira-, lo que supondría el que tiene agallas e ira). El objetivo final de esta farsa, como el de otras que escribiera Enrique Téllez, es el de reírse de la autoridad mediante sátiras, enseñando, a través de diversas ridiculizaciones, cómo no se debe ser y lo que no se debe hacer.
Debo la noticia que voy a ofrecer a unas poco conocidas Crónicas Almagreñas, escritas a finales del siglo XVII por Fray Norberto de Bolaños, que habitó durante un tiempo en las dependencias de la desaparecida Iglesia de Santa María de los Llanos. Igualmente debo agradecer la intuición de mi amigo Rafa Maldonado, que identificó el nombre de determinados palacios de la ciudad (Wessel, Xedler) con la poderosa llegada a España de Carlos V de Alemania y su cohorte de banqueros.
En efecto, los problemas financieros del emperador Carlos hicieron a los banqueros alemanes Fugger beneficiarios de las rentas de las minas de Almadén y los vincularon a Almagro, trayendo consigo a sus administradores. Aquella presencia germánica -cuenta Fray Norberto de Bolaños- supuso el esplendor de la ciudad y con ello el reclamo para algunos artistas alemanes cuyas ideas empezaban a ser perseguidas en la Alemania de la Reforma. Entre ellos, se tiene conocimiento de un tal Enrique Téllez, que escribió una serie de obras teatrales, llamadas Farsas de Carnaval (o simplemente Pasos), de algún predicamento en la época, aunque hoy desgraciadamente olvidadas.
Asegura nuestro cronista que no es difícil identificar el verdadero nombre del escritor en cuestión, puesto que el apellido Téllez procede del alemán Teller, de clara raíz sajona y cuyo significado sería narrador. Quiere decirse que el auténtico nombre del autor (y posiblemente, también cómico) sería el de Heinrich Teller, aunque también se apunta al nombre de Heinrich Sachs, por el hallazgo de un contrato de arrendamiento de tierras en que aparece este nombre junto al de un terrateniente llamado Zacarías Rollo, cerca de donde se emplaza en la actualidad el pueblo de Miguelturra. En cualquier caso, el falso apellido Téllez podría haber sido una doble forma de encubrir el verdadero, si se comprende la afición al juego de palabras al que tanto era dado nuestro escritor.
Entre las copias de las pocas Farsas que se conservan aparece una que, por su relación con el tema de este artículo, merece una especial consideración. Se trata de la farsa titulada Gutiérrez y el comendador de Almagro (es de observar que Gutiérrez también es apellido de origen germánico -Gut, significa valor en anglosajón, y Ire es ira-, lo que supondría el que tiene agallas e ira). El objetivo final de esta farsa, como el de otras que escribiera Enrique Téllez, es el de reírse de la autoridad mediante sátiras, enseñando, a través de diversas ridiculizaciones, cómo no se debe ser y lo que no se debe hacer.
En este caso, el hijo de un campesino lucha por conseguir el amor de una muchacha, hija del Comendador de la ciudad; durante una esperpéntica petición de mano, a la que en principio no asiste el Comendador, se entabla una pelea entre los asistentes, declarándose la guerra entre los pueblos que intervienen, en este caso Calzada de Calatrava y Almagro. Lo que es de destacar es que, inopinadamente, aparecen seres fantásticos, guerreros del Cantar del Mío Cid y todo tipo de personajes, sentados a la mesa en un banquete pantagruélico donde predomina el tiznao, las judias con perdiz y los duelos y quebrantos. El chico le dice a su amada que prefiere terminar su vida como ermitaño al ser el único superviviente, junto a su amada, de la reyerta y ver espantado el horror que ha provocado, momento en que aparece el tonto (transposición del Narr alemán), personaje que da mucho juego en este tipo de farsas puesto que son personas que sólo se ocupan de ayudar a los demás, hasta que se dan cuenta de que están dejando sus asuntos de lado, para hilaridad del público.
El chico, por aquello de que la sangre llama a la sangre, y en cuanto advierte que los hombres que están al servicio del Comendador llegan para prenderlo, decide matar al tonto y hacerse pasar por él para escapar de esa situación. Pero al final acaba siéndolo de verdad, y puesto que se le considera loco, se le perdona todo a cambio de que se encierre en el castillo de Calatrava, donde la voz final de un narrador que sale al estrado, acaba señalando que se hace hombre de confianza de García López de Padilla, Maestre de la Orden de Calatrava, como maestro catapultero, participando activamente en la destrucción del vecino castillo de Salvatierra.
El chico, por aquello de que la sangre llama a la sangre, y en cuanto advierte que los hombres que están al servicio del Comendador llegan para prenderlo, decide matar al tonto y hacerse pasar por él para escapar de esa situación. Pero al final acaba siéndolo de verdad, y puesto que se le considera loco, se le perdona todo a cambio de que se encierre en el castillo de Calatrava, donde la voz final de un narrador que sale al estrado, acaba señalando que se hace hombre de confianza de García López de Padilla, Maestre de la Orden de Calatrava, como maestro catapultero, participando activamente en la destrucción del vecino castillo de Salvatierra.
Hasta aquí la noticia de uno de los momentos estelares de la literatura almagreña. Finalmente, es digno de señalar, a juicio de Norberg-Schulz, que la relevancia entre el populacho de los estrafalarios personajes del escritor Enrique Téllez, recordados oralmente de generación en generación, pudiera haber llegado al pueblo de San Carlos del Valle, y en particular a la hermosísima Iglesia del Santo Cristo. Terminamos, para que el lector se haga su propia opinión, a lo que sobre esta bella iglesia refiere el gran arquitecto noruego:
"Por último, en las cuatro torres esquinales, sobre unos pedestales, existen cuatro figuras de dudoso significado, si bien los lugareños dicen que corresponden a los autores de la iglesia. La ausencia de documentación nos lleva a analizar tales monigotes (de muy poca calidad escultórica) con todo tipo de reservas, pero nos atrevemos a plantear la hipótesis de que sean las figuras de cuatro cómicos, histriones o faranduleros al modo de los que solían acudir los días de romería y fiesta al santuario, en cuya plaza -tan escenográfica- se debieron celebrar toros, comedias y bailes. Su número, ubicación en una iglesia conmemorativa centralizada, y orientación hacia los puntos cardinales, podría llevar a la atractiva suposición de que sean figuras alegóricas de los cuatro ejes del universo, los cuatro vientos, los cuatro ríos o partes del mundo; o incluso las cuatro estaciones, elementos, temperamentos o edades del hombre. Pero en todo caso, según el análisis iconográfico, serían farsantes desempeñando papeles alegóricos. Vestidos a la moda de comienzos del siglo XVIII, pero ostensiblemente estrafalarios (Jovellanos criticó lo mal vestidos de los actores de su tiempo), no son ni eclesiásticos ni magistrados (no llevan capa), sino que llevan máscaras, pelucas y barbas postizas. Uno, el guitarrista, lleva casaca francesa, los otros tres la modesta chupa. El más extravagante y grandón lleva golilla, sombrero de plumas muy ancho y enormes zapatos a modo de chapines. Uno es guitarrista y cantor; otro, vestido con amplios bombachos turquescos, parece tocar el almirez; el gigantón borracho vierte vino, y el cuarto (al que le faltan los brazos) podría bailar al son de unas castañuelas. Si recordamos la importancia de la música y el baile en las obras teatrales de la época, como en las danzas castellanas "que llaman historias" o en los mismos "bailes" y entremeses, en los que se hacía una crítica feroz de diversos tipos sociales (soldado, médico, boticario...), o las más rufianescas jácaras y mojigangas carnavalescas que cerraban algunas farsas representadas en la época, sobre todo procedentes de la mano del escritor almagreño Enrique Téllez, quizás estemos ante la clave iconográfica de los monigotes de esta ermita, en cuyas fiestas, como en el resto de la España del Barroco, se mezclaba intensamente lo religioso y lo teatral, hasta llegarse a representar comedias en los mismos conventos y sacristías".


1 comentarios:
Quisiera hacer unas pequeñas aclaraciones, en interés del detalle histriónico.
- Orson Wells nunca estuvo en Almagro. Su biógrafo Pier Francesco Orsini, emparentado por la rama de los Orsini de Bracciano, cuenta que no encontrando nada interesante que rodar para su película "In the Land of Don Quixote" en esa localidad, Wells envió una segunda unidad para rodar la famosa escena de la berenjena, fuente de importantes discusiones entre Jesús Franco y Wells, y retirada de la versión definitiva estrenada en 1992.
- A colación del detalle anterior, se sabe que Welles tuvo tres hijas reconocidas (Chris, Rebecca, fallecida en 2004, y Beatrice), pero tenemos pruebas documentales de la presencia de un hijo varón en la tierra de Almagro. Estimando la edad de su hijo, posiblemente fue concebido durante el rodaje de la citada película, y explicaría su presencia frecuente esta región española.
- Plausiblemente, el nombre del restaurante "El Gordo" tenga algo que ver con estas casualidades wellesianas.
- Norberto de Bolaños fue el ilustre antecesor de Roberto Bolaño, escritor chileno afincado en México, de nacionalidad española. En su viaje por la Mancha, Bolaño comenta en una entrevista realizada en 1992: "No conozco esa ciudad".
- Ambos parecen estar emparentados con Roberto Gómez Bolaños, actor mejicano de comedias televisivas infantiles.
- Los chicos, jóvenes, mancebos y efebos tenían en la Orden de Calatrava múltiples funciones, no sólo catapulteros, escuderos o salvamitras, sino también eyaculeros, chupatintas, escanciadores, metederos y limpiapatenas. Lo confirman la presencia de restos humanos en el Castillo-convento de Calatrava.
- Sobre la iglesia de San Carlos del Valle, se sabe que antes de erigirse había una ermita visigótica que era centro de peregrinacion de todo el reino arriano de Leovigildo. Recaredo, deseoso de conciliarse con los encarcionistas, derribó la primitiva iglesia, dificultando el acceso al núcleo rural retirando todo nombre y señal de los caminos, llegando incluso a borrar de la existencia las vías romanas próximas que todavía utilizaban los visigodos. Por esta causa, miles de peregrinos fueron devorados por los lobos, perdidos durante el ocaso por los montes cercanos a cerro Perrinchao. No fue hasta el reinado de Carlos V (de Alemania y I de España) que se edifica la actual iglesia, donde a pesar de los años pasados, se significan las creencias arrianas de los lugareños.
Publicar un comentario en la entrada