La historia de mi hijo. Nadine Gordimer
La reciente elección del último ganador del premio Nobel de literatura, Orham Pamuk, ha venido a resucitar la vieja discusión de la elección de estos premios: ¿qué méritos son necesarios para recibirlo? Obviamente, méritos literarios. No creo que nadie discuta la solidez literaria de los galardonados, pero no podemos olvidar que hay grandes literatos que nunca han obtenido la mención de la Academia Sueca. Hace poco teníamos esta discusión frente a un cartel que me ha enviado un amigo sueco, donde se recogen los retratos de los 102 galardonados desde 1901. En algunos años el premio se compartió, en otros no hubo galardones para nadie. El caso es que ya me falta el premiado que hace el número 103, el número "cosa de hombres".
La polémica surge cuando se valoran otros méritos no estrictamente literarios en la adjudicación del premio. Una posible justificación de esto se basa en la interpretación del legado de Alfred Nobel, y que durante todos esos años los integrantes de tribunal que decide el premio han cambiado, como también han cambiado sus criterios. Recientemente, los criterios de "literatura del mundo" (no centrarse en una única cultura), "pioneros" o "maestros desconocidos" han contado bastante en las deliberaciones. Otro factor ha sido "integridad política". Pamuk ha sido condenado en Turquía por sus escritos, suficiente para hacerle merecedor del premio, frente a los cuatro finalistas con los que competía.
Así que mi amigo José Luis opina que si esto sigue así, Vargas Llosa no ganará nunca el Nobel, porque desgraciadamente su "integridad política" no es del gusto de la Academia Sueca. Don Mario es un liberal, en el más puro sentido de la palabra, que es el sentido político y económico. Es decir, no está comprometido con el pobre, el oprimido, el enfermo o el necesitado. Hablando mal y pronto, no es de "izquierdas". Buenos estaríamos si no consiguiera el premio. Cela lo obtuvo, a pesar de haber luchado en el bando de Franco en la guerra civil española, y haber sido funcionario del estado franquista.
Pero no entremos más en divagaciones, íbamos a hablar de Nadine Gordimer. A ella le fue otorgado el Nobel en 1991. Era mujer (opresión). Comprometida con la lucha anti-apartheid (integridad política). Sudafricana (literatura del mundo). Le faltó haber sido condenada, pero no estuvo lejos. El caso es que cuando me dispuse a iniciar la lectura de "La historia de mi hijo", iba predispuesto a encontrar una novela política de denuncia, al estilo Solzhenitzyn. Que conste que no es un desprecio, me gusta Solzhenitzyn. Pero también me equivocaba. Me he encontrado con una novela poderosísima, llena de matices, lejos del sentimentalismo pero tierna, política pero vital, no se pierde en la descripción de los años anteriores al derribo del apartheid. Simplemente cuenta la historia de la familia de un dirigente de un partido de resistencia. Ni se menciona el nombre del partido, no se mentan nombres propios, no es una historia de esos años.
La narración, en algunos tramos, está a cargo del hijo de este dirigente, donde sale a relucir la difícil relación entre ambos, un padre que ocupa más tiempo en reuniones políticas que en estar con su familia. Una persona que encuentra una amante en una activista blanca, trabajadora de una organización internacional, y que pide implícitamente a su hijo que los encubra. La relación entre los activistas es descrita con mimo, Gordimer sabe como funcionan estas cosas de mezclar trabajo, compromiso y amor. Porque la política se describe desde el punto de vista de la confianza personal, que va perdiendo poco a poco el protagonista. Lentamente, los demás personajes de la novela van encontrando también su lugar dentro del activismo, los pasajes narrados por el hijo van alternándose con narraciones en tercera persona que redondean la escritura de esta magnífica novela. Es maravilloso como nos enteramos, por ejemplo, que los protagonistas de la novela son negros. O como describe las sensaciones del hijo a sorprender a su padre con la amante en un cine.
El título "La historia de mi hijo" queda como un enigma, porque pareciera que es el padre, o la madre, quien escribe el libro. Pero quien lo escribe es el hijo, desde el punto de vista del padre, como un homenaje a éste, y a su madre, a la que finalmente admirará tras las últimas decisiones sobre su vida. Éste el libro que al hijo le hubiera gustado que escribiera su padre.
Multitud de pasiones diferentes, todas encerradas en cinco personajes, sentimientos encontrados y silencios incomprensibles, defecciones y desengaños, desilusiones y lealtades. Una obra potente pero delicada, sensible pero dura. Gordimer puede haber sido seleccionada para el Nobel por muchos motivos, pero su calidad literaria está fuera de duda, su capacidad de introducirse en el alma de sus personajes y moverlos a lo largo de la novela no como títeres, sino como seres llenos de vida, es magistral. Y de paso, denuncia uno de las más crueles injusticias realizadas por el ser humano contra el ser humano. Léanla.
La polémica surge cuando se valoran otros méritos no estrictamente literarios en la adjudicación del premio. Una posible justificación de esto se basa en la interpretación del legado de Alfred Nobel, y que durante todos esos años los integrantes de tribunal que decide el premio han cambiado, como también han cambiado sus criterios. Recientemente, los criterios de "literatura del mundo" (no centrarse en una única cultura), "pioneros" o "maestros desconocidos" han contado bastante en las deliberaciones. Otro factor ha sido "integridad política". Pamuk ha sido condenado en Turquía por sus escritos, suficiente para hacerle merecedor del premio, frente a los cuatro finalistas con los que competía.
Así que mi amigo José Luis opina que si esto sigue así, Vargas Llosa no ganará nunca el Nobel, porque desgraciadamente su "integridad política" no es del gusto de la Academia Sueca. Don Mario es un liberal, en el más puro sentido de la palabra, que es el sentido político y económico. Es decir, no está comprometido con el pobre, el oprimido, el enfermo o el necesitado. Hablando mal y pronto, no es de "izquierdas". Buenos estaríamos si no consiguiera el premio. Cela lo obtuvo, a pesar de haber luchado en el bando de Franco en la guerra civil española, y haber sido funcionario del estado franquista.
Pero no entremos más en divagaciones, íbamos a hablar de Nadine Gordimer. A ella le fue otorgado el Nobel en 1991. Era mujer (opresión). Comprometida con la lucha anti-apartheid (integridad política). Sudafricana (literatura del mundo). Le faltó haber sido condenada, pero no estuvo lejos. El caso es que cuando me dispuse a iniciar la lectura de "La historia de mi hijo", iba predispuesto a encontrar una novela política de denuncia, al estilo Solzhenitzyn. Que conste que no es un desprecio, me gusta Solzhenitzyn. Pero también me equivocaba. Me he encontrado con una novela poderosísima, llena de matices, lejos del sentimentalismo pero tierna, política pero vital, no se pierde en la descripción de los años anteriores al derribo del apartheid. Simplemente cuenta la historia de la familia de un dirigente de un partido de resistencia. Ni se menciona el nombre del partido, no se mentan nombres propios, no es una historia de esos años. La narración, en algunos tramos, está a cargo del hijo de este dirigente, donde sale a relucir la difícil relación entre ambos, un padre que ocupa más tiempo en reuniones políticas que en estar con su familia. Una persona que encuentra una amante en una activista blanca, trabajadora de una organización internacional, y que pide implícitamente a su hijo que los encubra. La relación entre los activistas es descrita con mimo, Gordimer sabe como funcionan estas cosas de mezclar trabajo, compromiso y amor. Porque la política se describe desde el punto de vista de la confianza personal, que va perdiendo poco a poco el protagonista. Lentamente, los demás personajes de la novela van encontrando también su lugar dentro del activismo, los pasajes narrados por el hijo van alternándose con narraciones en tercera persona que redondean la escritura de esta magnífica novela. Es maravilloso como nos enteramos, por ejemplo, que los protagonistas de la novela son negros. O como describe las sensaciones del hijo a sorprender a su padre con la amante en un cine.
El título "La historia de mi hijo" queda como un enigma, porque pareciera que es el padre, o la madre, quien escribe el libro. Pero quien lo escribe es el hijo, desde el punto de vista del padre, como un homenaje a éste, y a su madre, a la que finalmente admirará tras las últimas decisiones sobre su vida. Éste el libro que al hijo le hubiera gustado que escribiera su padre.
Multitud de pasiones diferentes, todas encerradas en cinco personajes, sentimientos encontrados y silencios incomprensibles, defecciones y desengaños, desilusiones y lealtades. Una obra potente pero delicada, sensible pero dura. Gordimer puede haber sido seleccionada para el Nobel por muchos motivos, pero su calidad literaria está fuera de duda, su capacidad de introducirse en el alma de sus personajes y moverlos a lo largo de la novela no como títeres, sino como seres llenos de vida, es magistral. Y de paso, denuncia uno de las más crueles injusticias realizadas por el ser humano contra el ser humano. Léanla.


1 comentarios:
En el artículo de Nadine Gordimer se afirma que, según algunos, la academia sueca nunuca premiará a LLosa por su incorrección política.... Y los nobel de la paz Kissinger y Obama?????
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