martes, octubre 03, 2006

Los detectives salvajes. Roberto Bolaño

Escribir sobre "Los detectives salvajes" es muy difícil. Se trata de una obra que ha marcado la literatura en español del final del siglo XX, haciendo de Bolaño uno de los escritores más admirados del panorama hispanoamericano post-boom. Un ídolo, un icono cultural, ejemplo de los escritores exilados por las dictaduras derechistas del cono sur, con un compromiso ejemplar con la literatura en general, y con la poesía en particular. Es una especie aparte, incansable, resistente al desaliento, de la estirpe de Julio Cortázar, pero al que le falta su humanidad. Pero también le falta apoyo político, porque aunque Bolaño esperaba la revolución, al final reconoce que esa revolución ni llegará ni hubiera sido bueno que llegara, vistos los resultados de las revoluciones triunfantes. Es un desencantado de la política y como tal su narrativa es más pragmática.

"Los detectives salvajes", sin embargo, no es una novela política. Ni siquiera creo que se le pueda llamar novela. No pretende, como "Rayuela" de Cortázar, romper con la estructura de la novela convencional, pero lo consigue igualmente. A la vez que "Rayuela", describe ambientes verosímiles, grupos literarios, inquietudes culturales de ciertos poetas de vanguardia. Es en la ciudad de México donde surge el movimiento poético de los real visceralistas, o visceral realistas, dualidad nominativa que no es un mero ejercicio de vanidad, y cuyo único punto en común parece ser el odio a Octavio Paz, al que incluso planean secuestrar. Grupo poético inexistente, máscara que oculta el movimiento infrarrealista del México D.F. de los años 70, del que Bolaño formó parte activa.

A manera del narrador de ciertas obras de teatro del siglo de oro, que presenta la ficción y la despide, un aspirante a poeta real visceralista (o visceral realista, no lo olvidemos) presenta en un diario los principales personajes de la obra. Es la fascinación por el mundo poético de vanguardia, esos seres tocados por el dedo del dios de la poesía, que vagan por "el DF" en negocios turbios, que se reunen en cafés para decidir la creación de un movimiento poético, a la estela de la poetisa Cesárea Tinajero. Entre la docena de personajes, entre poetisas y prostitutas, en universidades y tugurios, aparecen los auténticos protagonistas, son Arturo Belano (la imagen de Roberto Bolaño) y Ulises Lima (trasunto de Mario Santiago Papasquiaro, a su vez sinónimo de un poeta infrarrealista), entre otros personajes inspirados en poetas de los años 70 más o menos reconocidos.

Este diario se interrumpe para surgir una forma de expresión única, una estructura narrativa original. Aparece una serie de testimonios, como si fueran anotaciones de un policía, o mejor dicho, de un detective salvaje, de decenas y decenas de personajes, algunos de ellos ya presentes en el diario del joven poeta, con otros de nueva aparición. Estos personajes parecen interrogados por el detective, que no conocemos y que apenas hace interpelaciones a los entrevistados, anota fecha y lugar de la toma de la declaración, y la mayoría de las declaraciones se refieren a encuentros con Belano y Lima en su deambular por el mundo. Este detective imaginario tiene que viajar a Europa, África, Israel... para seguir la pista de los impenitentes viajeros. Al principio creemos que los protagonistas buscan a Cesárea Tinajero, o a sus rastros, pero bien pronto obtenemos la impresión de que se trata de una particular odisea (¿es el nombre de Ulises casualidad?), un viaje de búsqueda sin meta, representativo de los escritores americanos nacidos en los años cincuenta.

En algunos puntos, el texto es claramente autobiográfico, pues sabemos de los detalles de la vida de Bolaño, que estuvo al borde de la mendicidad, realizando trabajos espúreos para poder sobrevivir en pueblos de los alrededores de Barcelona. Abundan las bromas sobre esta situación, y la pasividad e indiferencia con la que Belano lleva su existir, excepto para con la literatura. Si no tiene dinero, robará los libros que necesite leer. Y el mismo Bolaño pide a sus lectores que lo hagan si no disponen de dinero para comprar sus libros. También aparecen ciertas bromas con escritores y críticos reales, aunque con nombre figurado en la novela, que vienen directamente de la biografía de Bolaño. Según Alberto Olmos, es el caso, por ejemplo, del escritor Antonio Muñoz Molina (Aurelio Baca) y del crítico Ignacio Echeverría (Iñaki Echavarne). Este divertimento se completa con personajes que aparecen en otros libros del mismo autor, como Auxilio Lacouture ("Amuleto") y Arcimboldi ("2666"). Otras escenas no podemos sino estar seguros de ser fragmentos de ficción, aunque narrados con visos de realidad, relatos casi fantásticos. Otros fragmentos son grotescos y desaforados. Son los relatos de la propia vida de muchas personas.

Aunque he comentado que el investigador que sigue la pista es una persona desconocida, es uno de estos testimonios, el de Andrés Ramírez, el que crea un misterio con esta enigmática frase: "Mi vida estaba destinada al fracaso, Belano, así como lo oye". Arturo Belano no puede ser el que esté realizando la investigación sobre sí mismo. Entonces, ¿está buscando Belano a Lima? ¿Son tesminonios de ambos, unos recogidos por Belano y otros por Lima, en una auto-búsqueda durante años? ¿Están buscándose uno al otro, para reconstruir su propia historia? ¿O acaso es el hijo de Belano, supuestamente también llamado Belano, el que realiza la investigación?

El tiempo avanza lentamente en las declaraciones de las personas falsamente entrevistadas, pero una de ellas tiene entradas recurrentes, ancladas en el tiempo y en el espacio, es la entrevista realizada a Amadeo Salvatierra en México D.F., donde cuenta la noche que vinieron a visitarle Belano y Lima, y cómo les enseña el único poema publicado por Cesárea. Estas entradas repetitivas hacen de hilo conductor y permiten a la narración volver al diario del joven poeta, donde la obra concluye y se desvela un misterio, pero donde no se explica nada. El viaje ha servido para contar su vida, nada más y nada menos, una vida de peregrinación, un búsqueda de algo, un objetivo que al final se olvida, una épica griega al estilo de Homero. Y qué es la vida sino un viaje sin sentido hacia la nada que nos toca hacer a todos.

Como "Rayuela", el libro queda abierto, porque Ulises y Arturo siguen viajando, buscando lo que dejaron en México D.F., en su juventud, cuando leían y escribían poesía. Así acaba este libro suicida, como lo definió Bolaño, donde el autor termina definitivamente con su pasado. En el momento de publicarse este libro (1998), Arturo Bolaño ya puede vivir de la literatura.


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  • Los infrarrealistas, poetas de vanguardia mexicanos de los años 70. Fotografías documentales de los protagonistas de la novela. Descubra quién es quién.