viernes, diciembre 05, 2008

Truman Capote. Cuentos completos.

Tengo en mi mesilla de noche dos copias de los Cuentos completos de Truman Capote. Uno de ellos es la versión original en inglés, editada por Penguin, una edición internacional que no se vende en Estados Unidos, pero que es idéntica a la traducida al español para Anagrama, la otra versión del libro. Cuando uno se encuentra en esta cursiosa situación, se pueden comparar no solo las traducciones, sino también la edición y la portada. Y digo la portada porque ambas contienen fotografías del autor, y siendo ambas fotografías muy diferentes, llama la atención el concepto de utilizar una fotografía como reclamo de un libro de relatos.


Se puede entender por varios motivos, pero el 
principal es la notoriedad pública de Capote, que llegó a ser lo que se conoce en su país como una celebridad, y que aquí se denominaría años más tarde un famoso. Ello ha hecho que haya sido fotografiado por los más importantes fotógrafos contemporáneos. La imagen de la edición española es de Henri Cartier-Bresson, cofundador de la agencia Magnum y uno de los más emblemáticos fotógrafos del siglo XX. Especialista en la toma callejera, y creador del concepto de momento decisico, Cartier-Bresson hace un retrato de un joven Capote, autor de algunos relatos con resonancia, pero no reconocido ampliamente todavía.

La imagen es enigmática, parece haberse realizado en un jardín botánico o un invernadero, con unas grandísimas hojas de colocasia en el fondo. Sentado en un banco de hierro colado, Capote parece sorprendido, da la impresión de que acaba de darse la vuelta, con su mano izquierda en una postura accidental. Sin embargo, su brazo izquierdo aparece escondido, como ocultándonos algo. Posiblemente fuera un recurso del fotógrafo, hacerlo girar rápidamente para evitar la pose forzada. Una exquisita luz cenital ensombrece su cara, dándole un aspecto tétrico y sombrío; su vestimenta es sencillísima, una simple camiseta blanca, algo sorprendente para alguien que cuidaba tanto su ropa, contrasta con la frondosa oscuridad del fondo. Su pelo despeinado le favorece, y vemos un atractivo joven con un futuro prometedor en la literatura, pero con un algo inquietante, como si un salvaje saliera de la penumbra de las hojas para asaltarlo, o como si una planta carnívora estuviera a punto de devorarlo. Este expléndido retrato ha venido empleándose como portada en muchos de sus libros y recopilaciones, y habiéndose tomado en 1947, Capote todavía no era el escritor aclamado por la crítica internacional como autor de Otras voces, otros ámbitos.


La fotografía de la edición inglesa es completamente diferente en intenciones y proyección. Data de 1949, cuando Capote ya se mueve en el ambiente literario de la posguerra como pez en el agua. Su obra le ha encumbrado, y esta foto lo demuestra. Fue tomada por Cecil Beaton, el fotógrafo de las estrellas, en Tánger, paraíso de la generación beatnik (o Sputnik), y lugar de encuentro bohemio de la originalidad literaria angloparlante. 

La fotografía muestra a un Capote exultante, gamberro y malcriado. Con piernas, brazos y boca abierta, tras un salto difícil de evaluar, puesto que la imagen no muestra suelo ni apoyo desde donde pudiera haberse realizado, en un gesto de locura. Una camisa anudada a la cintura, unos pantalones blancos, unas zapatillas que se me antojan de esparto... Capote va vestido de escritor moderno. El fondo, una pared blanca encalada, contiene unas enigmáticas portezuelas (en la fotografía original se ven hasta cuatro), posiblemente relacionadas con la función de un artefacto destinado a la cocción de barro,  ventilación de un silo o algo del estilo. La imagen, a pesar de desprender vitalidad y alegría, es también melancólica. La sombra de Capote en la pared del fondo produce una figura desesperada, una mano alargada pidiendo ayuda, quizá vaticinio de su muerte inundada de drogas y alcohol. Capote disfruta de la vida, pero se acerca por ello a un final inevitable.

Parece imposible que las dos fotografías muestren a la misma persona, y que estén separadas solo por dos años. Sus cuentos, también, son extremadamente diferentes y contradictorios. Sus cuentos de juventud, donde se nota el esfuerzo por crear relatos interesantes y enigmáticos, se mezclan con algunos que describen el sur de su infancia en Alabama, ese mítico Sur donde se han labrado tantas obras maestras de la literatura norteamericana. Otros reflejan el mundo neoyorkino donde quiso vivir, rodeado de fiestas, moda, adulaciones y estrellas. Y sin embargo, sus relatos más efectivos son aquellos con los que rememora su infancia, su propia vida, en cuentos de acción de gracias y navidad (típicos de las publicaciones periódicas americanas), pero sin lugar a dudas los que nos muestran no solo al auténtico Capote, sino al más primitivo, sincero y cabal. 

Lamentablemente, con la versión española, realizada por más de media docena de traductores, perdemos el vocabulario escogido y selecto de sus primeros cuentos, la simpleza de sus relatos neoyorkinos (donde vemos esbozos de Desayuno con diamantes) y la riqueza lingüística y hasta gastronómica del sur. Imagino que con una traducción unitaria, más cuidada, los relatos ganarían bastante, pero no es una mala aproximación a unos cuentos variados en temática y calidad, incluyendo tres o cuatro joyas de la narrativa americana del siglo XX.

En este enlace, pueden escuchar a Truman Capote leer uno de sus relatos navideños.

jueves, noviembre 06, 2008

Michael Crichton. Primeras lecturas. Obituario.

La reciente defunción de Michael Crichton, anunciada en todos los noticieros como el autor de "Parque jurásico", me ha llevado a recordar un libro que leí hace treinta años: "La amenaza de andrómeda". Fue el primer libro para adultos que leí, que no iba a acompañado de dibujos ni de bocadillos de tebeo. La ciencia ficción fue, entonces, uno de los primeros umbrales literarios que crucé. No por casualidad mi formación científica ha llegado a convertirme en algo más o menos parecido a un microbiólogo... precisamente el tema de "La amenaza de andrómeda". Un libro atrayente que se alojaba en la biblioteca de mi padre junto a las obras completas de José Luis Martín Vigil o a la colección de los premios Goncourt. Ahí es nada.

Un satélite artificial de vuelta al planeta Tierra trae consigo un elemento, un microrganismo, basado en química del carbono, pero sin ácidos nucleicos ni proteínas. El microrganismo, denominado adrómeda (el titulo original "The Andromeda Strain" contiene un juego de palabras intraducible) causa la muerte de todos los haitantes del pueblo más cercano al lugar de caída del satélite, excepto dos, clave de uno de los misterios del libro. Un grupo de investigadores ponen en marcha el dispositivo previsto de estudio y prevención de este tipo de riesgos, aunque una serie de sucesos inesperados no dejan de salpicar la trama. Todo ello con la advertencia de alto secreto y el recurso del falso documento.

Crichton estudió medicina en Harvard. Pero le apasionaba la literatura, y usando varios seudónimos, escribió numerosos intentos de éxito hasta que en 1969 publicó "La amenaza" con su verdadero nombre, mientras todavía era estudiante. El libro se convirtió inmediatamente en un best-seller e hizo a Crichton famoso a los veintisiete años. Las historias de Crichton no solo son creíbles por el lector, sino que son plausibles para los mismos científicos, su carrera de medicina en la más prestigiosa facultad del mundo lo permite, así como su estancia postdoctoral en el Salk Institute.

A mi padre le gustaba la ciencia ficción. De su biblioteca, otro de los primeros libros que leí fue "Cita con Rama", de Arthur C. Clarke, uno de los mastodontes de la ciencia ficción de calidad. También recientemente fallecido, Clarke tuvo una vida más atípica. Más atípica para un escritor, pero más característica de un inventor de ciencia ficción, experto en radar, piloto de la RAF y defensor de la vida extraterrestre. La novela es una pefecta construcción, realista y detallada, de un primer contacto con un engendro extraterrestre, pero esta vez inofensivo. "Cita con Rama" se publicó en 1972, pero yo posiblemente la leí el mismo año que "La amenaza de andrómeda". De esos dos libros mantengo en mi biblioteca los mismos ejemplares que leí hace décadas. Ya saben, fetichismo bibliófilo.

miércoles, octubre 29, 2008

Sputnik, mi amor


K., un maestro de escuela, nos cuenta su extraña relación con Sumire, una extrovertida, desinhibida joven que pretende ser escritora. Sumire se enamora de Myu, mujer de mediana edad a la que conoce porque la contrata como secretaria y chica arregla-todo en su empresa familiar. Myu desconoce este amor, y aunque siente simpatía por Sumire, se siente responsable de su desaparición durante uno de sus viajes de negocios y placer, y llama a K. para que le ayude a encontrarla.

Se trata, en toda regla, de un triángulo amoroso de amores unidireccionales, donde la soledad prolongada, los sentimientos reprimidos de los enamorados y la incomunicación sentimental es el principal tema del libro. O podríamos pensarlo así, porque los libros de Haruli Murakami son, por decirlo de alguna manera moderna, poliédricos. Tienen muchas facetas y aspectos dispares. Los elementos de soledad y alienación están presentes también su su siguiente novela, Kafka en la orilla, pero de una forma posiblemente más realista. Un viaje, una búsqueda, una puerta que se puede franquear en determinadas circunstancias de transformación de la conciencia. La puerta por donde alcanzamos otros niveles de existencia, donde podemos vernos haciendo las cosas que solemos hacer, o que nos gusta hacer.

El autor no es explícito sobre el significado de estas puertas, tan comunes en sus novelas. No son, desde luego, meras metáforas que podamos entender fácilmente. Así pues, estas dos novelas de Murakami están abiertas a una interpretación personal, libre y privada. La mía particular es la posibilidad de cambiar de vida, la capacidad que tenemos todos de llegar a un punto de inflexión en nuestras ambiciones y deseos, la facultad de poder quitarnos la venda que nuestro ego y pensamiento, nuestra idea propia de nosotros mismos, nos coloca delante de nuestro corazón. Sumire y Myu sufren sucesos parecidos, acontecimientos que les provocan incluso cambios fisiológicos importantes, que suponen esa puerta que nos acerca a la realidad que hay más allá de nosotros mismos.

Las diferencias entre las dos novelas citadas son, a pesar de todo, importantes. El narrador en primera persona sirve de vía conductora del relato, y nos adentra en sus sentimientos mucho más que en los protagonistas de Kafka. La puerta de Kafka es bien clara y concisa, de hecho corresponde con un elemento físico, una piedra o losa. Aquí suponemos que Sumire la ha cruzado, para volver al mundo a través de una llamada telefónica a K, donde le cuenta poco más que se encuentra bien. Todo se aclarará más tarde, se espera un final feliz, pero Murakami retira la explicación al lector. La vida de K. es bien ordenada y metódica, es una persona reflexiva e inteligente, en comparación con los personajes de Kafka en la orilla. Finalmente, Sputnik es mucho más corta, casi un relato largo, lo que hace que se dejen muchos cabos sueltos, además de la ausencia de explicación de la desaparición de la chica. Posiblemente como las cosas importantes de la vida, que nunca llegamos a dominar ni controlar.

Murakami escribe una novela obsesiva y reflexiva, una pieza literaria incontrovertible, sin lugar a dudas es un conocedor de los sentimientos más profundos del alma, y también un excelente construtor de un mundo lleno de enigmas y misterios personales.

viernes, octubre 24, 2008

3. Veneno y sombra y adiós

The last was I that helped thee to the crown;
The last was I that felt thy tyranny

N
o debería uno contar nunca nada, pero ser escritor es llenar hojas de palabras y palabras, en frases, sentencias y predicados, en largas disquisiciones sin fin, donde se razone, deduzca y observe. Si los escritores no contaran nunca nada, si no hubiera literatura, si solo pudiéramos llenar las librerías de objetividades y hechos, entonces no podríamos pensar, ni exponer nuestros razonamientos, y así los seres humanos vagarían en el mundo como Jaques Deza, o Jaime, o Jacobo, o Jake, personaje directamente emanado de la mente de Javier Marías, expresado en una monumental obra denominada "Tu rostro mañana", "Your Face Tomorrow", pero que ha desfilado también por la páginas de "Todas las almas". Deza, un nombre que esconde al mismo Marías, sin ser la misma persona, español expatriado en Inglaterra, intérprete de profesión, en el más tenebroso engranaje del servicio secreto británico, MI6, MI5, SAS, son solo siglas, siglas que esconden la profundidad del terrorismo de estado, de las decisiones necesarias, de la justificación del mal menor.

Jaques, Iago, Jacobo, de corazón desmembrado, viaja por una novela que hemos podido ir leyendo durante cinco años, escondido en una gran ciudad, escondido en otra nacionalidad, sin temor pero sin hogar, es capaz de ver, es de las pocas personas que ha seleccionado Sir Peter Wheeler con la capacidad de atisbar en el alma humana de los demás, de comprobar y derribar las defensas verbales y gestuales que ponemos a nuestro carácter, a nuestro pensamiento, a nuestras intenciones. Jaime, o Jacobo, tiene un don, un don escasísimo, y mientras lo ejercita, medita sobre la naturaleza de su trabajo, en el edificio sin nombre, en un lugar reservado y único, con un jefe frío y cortante, con un nombre quizá también extranjero, Tupra, no es posible que sea británico, o sí, de qué raíz, quizá originario de West Midlands, o de Exmoor o de Dartmoor, o de alguna pequeña esquina del imperio, posiblemente asiático, pero de dónde. Con la correcta pizca de intriga, trabajar al servicio de Su Majestad tiene sus ventajas, Marías va encuadrando todas las perspectivas y tramas que ha ido dibujando en los dos volúmenes anteriores, para, aunque uno no debiera decirlo, cerrar la puerta en un último volumen demoledor y definitivo. Marías, es decir, Javier, o Xavier, o Saveiro, queda agotado, ya no sabe si volverá a ser capaz de escribir otra novela, parece cansado y vacío, tras el abandono de su personaje que vuelve a Madrid para cerrar un capítulo, asqueado por sus acciones, puesto que su corazón jamás irá contra sus ojos, my heart shall never countermand mine eye.

¿De qué trata el libro? Uno no debería decirlo, pero trata de todo, de la violencia, del machismo, del terror, del miedo, de los favores personales, del poder, del inmenso poder y del poder omnipresencia, de la presciencia, de la cobardía, del amor, de la obsesión, del prejuicio, el chantaje, de la delación, del padre de Deza, que fue encarcelado por una falsa denuncia por sus colegas universitarios, los únicos nombres reales que aparecen en la novela, del Real y Santa-Olalla, que se encargaron de apartar de Julián Marías de la universidad para siempre, en una injusticia que se aplica una y otra vez, sin atender diferencias entre la dictadura de Franco y la extorsión de los estados democráticos. Franco, precisamente el segundo apellido de Marías, triste destino de un nombre, de una familia. Finalmente dibuja, bosqueja, señala levemente o indica sin quererlo, como ser novelista, escritor, literato, es parecido a su trabajo de interpretar, inventar o deducir pensamientos, pero sin la necesidad de la crueldad, sin la necesidad del todo sea por Inglaterra, por el bien común, o el propio, que viene moralmente a ser lo mismo. Más o menos.

Marías compone su mejor, más larga y completa novela,
y para mi gusto, mejora su lenguaje, contiene las repeticiones y se esfuerza en anudar todos los hilos en una conversación final con Peter Wheeler, inspirado en el hispanista Sir Peter Russell. Habrá que esperar algunos decenios para comprobar si esta obra cumple las espectivativas de ser la mejor novela de los últimos cincuenta años, pero no deberíamos decir nada: to-morrow in the battle think of me, and fall thy edgeless sword, despair, and die.



viernes, septiembre 12, 2008

Vida y destino


Al mundo literario actual le agrada de vez en cuando un descubrimiento importante, un inopinado éxito, un escritor genial desconocido, si puede ser ya muerto. Este cruel y verboso mundo de los libros parece que necesite sacudirse el aletargamiento de las novedades de "la mesa" de las librerías con un milagro, con una aparición estruendosa del pasado, con un recordatorio de que fuera de la mesa existe también literatura... pero que caiga también en la mesa.

Vida y destino forma parte de uno de estos acontecimientos, y de manera triple es del gusto de las novedades inesperadas de las que hablo. No solo por su interés literario, sino porque la historia de este éxito editorial es en sí una novela. Son estruendosas sus más de mil páginas, lo que hace ingresar a su autor, Vasili Grossman, en el reducido círculo de los más ambiciosos novelistas de la historia. Mann, Balzac, Tolstoi, Pérez Galdós, Proust y unos cuantos más, además de Grossman, forman este selecto club de autores milpaginarios. Pero Grossman, además, nunca supo si su obra iba a ser publicada. Pudo haber sospechado que su libro iba a desaparecer, exterminado por la mayor y más cruel dictadura de todos los tiempos: el gobierno soviético. Pudo haber supuesto que sin esfuerzo y tesón, su mayor obra, iba a acabar encerrada en un sótano y no volver a salir, tal y como muchos amigos y compañeros suyos hicieron en la Lubyanka.

La obra fue intervenida. Había sido enviada para su publicación en 1960, pero inmediatamente fue prohibida. La casa de Grossman fue asaltada, y se requisaron manuscritos, copias, notas y hasta las cintas de su máquina de escribir. Pero la obra escapa, sale de la férrea presa comunista. Una confabulación, en la que participa el físico nuclear Sájarov (Premio Nobel de la Paz), hace que en 1974 se haga una copia en microfilm de uno de los originales supervivientes, y se vaya a Suiza. Se publicaría en 1980, 16 años después de la muerte de Grossman. En La unión Soviética no se publicaría hasta la llegada de la perestroika y la glásnot de Gorbachov.

En España se publica en 1988, traducida del francés. Posiblemente, debido al izquierdismo que triunfa en la vida cultural de España de aquéllos años, la obra pasa inadvertida. Antonio Muñoz Molina reconoce que es su caso, el no leyó la novela. No parece el momento de torpedear la izquierda con una obra en contra del comunismo. Así que Grossman, y su novela, son ignorados, al igual que Solzhetitsyn. Es increíble la habilidad de la izquierda para obviar que los mayores crímenes de la humanidad han sido producidos por comunistas. Pero eso es otra historia.

Pero lo más llamativo o indignante, según se mire, es que para que se reconozca esta obra en España no hace falta un hecho inesperado, sino dos. Y es que en 2007 se decide abordar la traducción directa del ruso y su publicación en un volumen preciosamente editado. Grandes escritores y críticos la reconocen como una novela magistral, de las mayores obras del siglo XX. Puesto que ya hace tiempo que se puede hablar mal de Stalin, la obra finalmente queda catalogada por el mundo cultural como agraciada. Y no solamente eso, sino que acaba entrando en la lista de ventas, permaneciendo varias semanas entre los libros más vendidos en España.

Si consideramos el tercer acontecimiento improbable, el que Grossman haya podido escribir tal obra en las condiciones políticas en las que vivió, nos acercamos peligrosamente al Milagro con mayúsculas. La obra tiene como centro la batalla de Stalingrado, episodio decisivo de la segunda guerra mundial y la batalla más cruenta que ha disputado la humanidad, con cerca de dos millones de muertos. Pero no es solo una novela bélica: se trata el antisemitismo, el comunismo, el socialismo, se expone el comportamiento de las purgas y limpiezas que detro del Partido Comunista se realizaron cruelmente. Se habla del enorme chantaje al que se sometió a cientos de millones de personas por un régimen que se escudó en el enemigo, otra dictadura cruel y morbosa, para disponer de autoridad total. Pero sobre todo la novela trata de los sentimientos humanos de dos docenas de personajes ante la guerra, de seres humanos, de hombres y mujeres ante la desgracia y la desilusión.

Solamente alguien tan ambicioso, con las ideas tan claras, como Grossman pudo escribir tal abundancia de detalles y sentimientos. Se ha comparado la novela con Guerra y Paz, e incluso se bromea sobre ello en el libro. Uno de los personajes es un admirador de Tólstoi, y en concreto, de Guerra y Paz. Afirma que sólo una persona que hubiera asistido a las batallas napoleónicas pudo describirlas con tal acierto. En la misma novela se le recuerda que Tólstoi no asistió a esas batallas, pues ocurrieron antes de que él naciera. Se trata pues de un guiño de Grossman, que realmente participó en la batalla de Stalingrado, y pudo describir de primera mano qué es el sufrimiento y el desánimo, y como el pueblo defendió su territorio, para beneficio del cruel dictador.

Grossman en la novela nos cuenta la vida de un científico teórico en la retaguardia, y nos cuenta el terror al que los científicos fueron sometidos (los biólogos fueron especialmente perseguidos al considerarse las ideas de Darwin antirrevolucionarias), el terror de la delación y del chivatazo envidioso. Pero también el autor narra como el hombre sobrevive en los momentos más difíciles, y como el amor surge en todo momento y lugar. Las mujeres de la novela no muestran menos coraje que los hombres en la batalla. Grossman nos acompaña con una de ellas hasta una eficiente cámara de gas alemana, y nos lleva por la Academia de Ciencias de Moscú. Nos explica los complicados entresijos del partido único y la caída en desgracia de sus más fieles defensores. No deja asunto sin remover, ni conciencia sin inquietar, ni mente sin alterar. Como esos personajes que describe, soportando todo el infortunio que les pudo acontecer, tuvo que ser Grossman, que confió en el partido para al final de su vida aborrecerlo.

Grossman era consciente de la imposibilidad de publicar la novela en el mundo de la guerra fría. De la misma forma, en España al inicio de los ochenta todavía se veía mal criticar a la peor dictadura de la historia. Tras estas grandes injusticias ante esta obra maestra, es grato encontrarnos ahora con la novela en los anaqueles de miles de hogares españoles. Esta historia es en sí el motivo por el cual se ha convertido en éxito y ha aparecido en la mesa de novedades de las librerías. Al igual que en España la guerra civil es un asunto de moda en las novelas, en Europa está de moda la segunda guerra mundial. El eco de esta moda posiblemente haya ayudado a Grossman a hacerse ese hueco en la memoria de Muñoz Molina y de todos nosotros.

Este éxito sin precedentes ha generado la publicación de una secuela por la editorial, Galaxia/Gutenberg. Sobre "Vida y Destino" nos cuenta las vicisitudes del libro, con escritos de Tódorov, Etkind y el mismo Grossman. Aunque no creo que llegue a la mesa, seguro que es interesante ahondar en los diversos y minúsculos milagros que han hecho posible el acontecimiento editorial más importante de España en 2007. Y que siga la rueda.